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sábado, 3 de marzo de 2012

Imaginar a un mundo no al revés, pero si diferente


Alexander Cabezas Mora

“Si el Norte fuera el Sur  sería la misma porquería”, concluye Arjona en una de sus canciones.  (Perdón Arjona pero a decir verdad, me siendo defraudado, pues su propuesta es como un viaje en círculos para llegar a ningún sitio). 

Eso sí, me ayuda a coquetear con una idea que explota en forma de pregunta:

¿Qué pasaría si en vez de ser a las mujeres quienes dieran a luz, fueran los hombres?

lunes, 18 de julio de 2011

Violencia de género, un gran desafío para la misión de la iglesia

Graciela B. De Celis

El hombre de la seguridad nos miraba curioso. ¡Trabajando, un día feriado, para conmemorar el día de la mujer! Los cuadros y las fotos se colgaron en paneles para la exposición. Cuando todo estuvo listo, miramos satisfechos/as y festejamos con alegría cómo había quedado la presentación. El guardia daba vueltas alrededor nuestro, y cuando ya no pudo más nos lanzó su comentario: “Tanto día de la mujer ¿para qué?, ¿acaso los hombres tenemos  un día?”.
Me sonreí, casi irónicamente, y por supuesto no dejé de contestar que los hombres no necesitan un día porque todos los días son de ellos, que el mundo está hecho por y para los hombres. Le expliqué, tomándome todo el tiempo necesario, para que me entendiera que siempre que hay “un día “ de algo, es porque ese algo ha sido marginado, excluido o han sido vulnerados sus derechos. El guardia me seguía mirando con curiosidad. “Piense en el día del niño, día del aborigen, día del discapacitado, día de la lucha contra la violencia de género, día del medio ambiente, día del agua, y así le podría nombrar muchos más. Estos días existen para remarcar un tema o a un grupo de personas  que han sido dejadas de lado por la sociedad”, le contesté.
No se si mis argumentos lo convencieron, pero sí estoy segura que nos merecemos este día de la mujer. No para que nos regalen una flor o para que las organizaciones no agasajen con un te, sino porque nos merecemos tomarnos un espacio para reflexionar, para analizar en qué espejos nos estamos mirando para construir nuestra feminidad en este siglo XXI, en que espejos se deben comenzar a mirar los hombres para construir una nueva  masculinidad. Una masculinidad que no nos someta, sino que nos permita caminar juntos en este proceso de surgimiento y construcción de la vida. Los espejos en los que nos hemos mirado en el pasado, salvo raras excepciones, entre ellas la de Jesús, no nos han servido.
Miren lo que esta sucediendo. Se dice que este siglo, es el siglo de los derechos y qué paradoja, la sociedad argentina se ha visto sacudida por el alarmante aumento de homicidios de mujeres. Según datos de la Corte suprema de justicia, en dos años ha habido 11.000 casos denunciados de  violencia contra la mujer y estamos dando en estas cifras  los casos que llegan a la justicias, porque muchos quedan escondidos, invisibles, ya sea por miedo o por vergüenza de las víctimas. De los 11.000 casos denunciados, sólo 9.000 hombres han sido acusados (eso no significa que hayan sido condenados). La impunidad de los agresores es espeluznante. Me sale de las entrañas gritar mundo de hombres, hecho solo para hombres. Es interesante analizar los fundamentos de los dictámenes que hacen los jueces, justificando la violencia ejercida hacia las mujeres.
En julio del 2010 se reglamentó Ley contra la Violencia de Género. En esta, se protege no solo de la violencia física, sino también de la psicológica, sexual y económica, tanto en el ámbito familiar como en el institucional, laboral o mediático. Sin embargo, y lo decimos con tristeza,  los casos que se conocen diariamente y los datos oficiales demuestran que el problema está muy lejos de resolverse.  Hasta podemos decir que hemos retrocedido. Es que ya sabemos que se necesita mucho más que una ley. Se necesita un cambio cultural, cambio que nos llevará bastante tiempo porque significa cambiar costumbres y conceptos erráticos sobre el ser humano.
Con dolor, reconocemos que la religión ha sido usada como instrumento de exclusión y sometimiento, en algunos casos a niveles aberrantes. La quema de mujeres no es una moda. Ha existido desde tiempos antiguos. La quema de “brujas” era una lección magistral para toda mujer que osara pensar diferente o no se sometiera a los designios de los hombres, por lo general escudados en un pretexto supuestamente de inspiración divina. El cristianismo no ha escapado a esto. Como mujer cristiana he tenido que lidiar entre lo que la iglesia me imponía en sus tradiciones y lo que yo entendía que decía el texto bíblico.
Creo que  uno de los desafíos de la iglesia en este siglo XXI es que hombres y mujeres hagamos  una relectura de la Biblia, con el sincero deseo de encontrar lo que Dios nos quiere decir, buscando la verdad y el camino que el Señor quiere que sigamos, como personas creadas (hombre y mujer) a imagen y semejanza de El. Que podamos discernir qué es tradición cristiana y qué es Palabra de Dios. Hagámonos preguntas, hagámosle preguntas al texto. El Señor Jesús no le tenía miedo a las preguntas. Como dice siempre el Dr. René Padilla, la pregunta era el método pedagógico de Jesús.
Cuando a partir del texto bíblico (Gn 1-3 y los Evangelios) podamos pensar en nuevas formas de relacionarnos entre hombres y mujeres, entonces estaremos en condiciones de comenzar a definir qué es ser femenino y qué es el ser masculino en este siglo, siguiendo el ejemplo de Jesús y las políticas de su reino.
El otro desafío que veo para la iglesia en este siglo es cuál va a ser nuestro rol en el tema de la violencia de género (mujeres y niñas). ¿Nos quedaremos mirando con horror y acusación el pecado de la sociedad (del que nosotros también somos parte), o asumiremos el compromiso que Dios nos pide  ante el sufriente y su rol profético ante la sociedad?
“¡Ya se te ha declarado lo que es bueno! Y a se te ha dicho lo que de ti espera el Señor: practicar la justicia, amar la misericordia y humillarte ante tu Dios! Miqueas 6.8

Tomado de Blog de René Padilla: http://www.kairos.org.ar/blog/?p=527

martes, 8 de marzo de 2011

08 de marzo Día Internacional de la Mujer

Como un reconocimiento al Día Internacional de la Mujer 
compartimos dos archivos que nos parecen relevantes en esta celebración:
- El primero es el mensaje de Michelle Bachelet, 
Directora ejecutiva de la recién creada ONU MUJER, 
con motivo del DÍA INTERNACIONAL DE LA MUJER. 
____________________________________

- El segundo es un artículo sobre Iglesias Evangélicas, Evangelio y dignificación de la Mujer en el contexto latinoamericano, basado en las reflexiones de la teóloga Nancy Berdford:


Jesús y el Evangelio dignifican totalmente a la mujer; la Iglesia evangélica sólo a medias...

Opina la teóloga argentina Nancy Elizabeth Berdford, profesora de Teología Aplicada en la cátedra Georgia Harkness del seminario metodista Garrett-Evangelical, en Chicago, EEUU.
8 de marzo de 2011, BUENOS AIRES

Este año se celebrará por primera vez el Día Internacional de la Mujer en el entorno evangélico español, con un acto organizado por la Consejería de la Mujer del Consejo Evangélico de Madrid. También este año es el primero de la existencia de ONU Mujer, un organismo creado en 2010 y puesto en marcha al comenzar el 2011.

La creación de ONU Mujeres formó parte de la reforma de la ONU, al reunir los recursos y mandatos para obtener un mayor impacto. Fusiona y seguirá el trabajo de cuatro componentes del sistema de la ONU, con el fin de centrarse exclusivamente en la igualdad y el empoderamiento de las mujeres: División para el Adelanto de la Mujer (DAW), Instituto Internacional de Investigaciones y Capacitación para la Promoción de la Mujer (INSTRAW), Oficina del Asesor Especial en cuestiones de género (OSAGI) y Fondo de Desarrollo de las Naciones Unidas para la Mujer (UNIFEM).

Se espera que ONU Mujeres sea un defensor dinámico y fuerte de las mujeres y de las niñas, otorgándoles una voz poderosa en los ámbitos mundial, regional y local. En base a la visión de igualdad de la Carta de las Naciones Unidas, ONU Mujeres se consagrará, entre otras cosas, a trabajar en pro de: La eliminación de la discriminación en contra de las mujeres y las niñas; el empoderamiento de la mujer; el logro de la igualdad entre las mujeres y los hombres, en tanto que socios y beneficiarios del desarrollo, los derechos humanos, las acciones humanitarias y la paz y la seguridad.

IGLESIA EVANGÉLICA Y LA MUJER

Con motivo de la celebración del Día Internacional de la Mujer, nos preguntamos:¿Cuál es la situación en el contexto evangélico latinoamericano en cuanto a la igualdad de género y el papel responsabilidad real que se concede a las mujeres? Planteamos el interrogante a la teóloga argentina Nancy Elizabeth Bedford, profesora de Teología Aplicada en la cátedra Georgia Harkness del seminario metodista Garrett-Evangelical, en Chicago, Estados Unidos, y Profesora Extraordinaria No Residente del Instituto Universitario ISEDET de Buenos Aires. Se congrega en una iglesia menonita.

“Se trata de una pregunta complicada que no tiene una respuesta sencilla. Lo primero que hay que recordar es que el evangelio de Jesús desde el principio fue una buena noticia para muchas mujeres. Algunos de los primeros testimonios históricos que tenemos acerca del movimiento de Jesús en las primeras décadas del cristianismo, por ejemplo, hablan de la participación de mujeres esclavas como líderes en las iglesias. Esto era algo que llamaba la atención desde los círculos paganos. La convicción de que ‘en Cristo ya no hay ni varón ni mujer’ (Gálatas 3:28) tuvo un gran impacto entre los seguidores de Jesús y lo sigue teniendo: donde llega el evangelio también llega la buena noticia de que las mujeres somos ciudadanas de primera del reino de Dios”, respondió Bedford.

Sin embargo, la situación de desigualdad no está resuelta. “Esta buena noticia para las mujeres –acotó la teóloga- ha coexistido desde el principio con la convicción de que las mujeres deben someterse a los varones ‘por ahora’, y que la igualdad es una promesa escatológica que se cumplirá recién más adelante, cuando el reino sea consumado: por ahora conviene que las mujeres “aprendan en silencio” y no molesten demasiado. Ambas tendencias, el movimiento hacia la igualdad entre varones y mujeres, y el movimiento hacia la subordinación temporal de las mujeres a los varones, coexisten en las Escrituras, por ejemplo en los escritos paulinos. Nos compete como seguidoras y seguidores de Jesús tratar de discernir cuál es la manera más fiel de proseguir en los pasos de nuestro Maestro con la ayuda del Espíritu Santo: ¿Que las mujeres nos callemos y nos sometamos? ¿O que nos expresemos desde la igualdad? ¿Que nos salvemos pariendo hijos y dedicándonos al ámbito doméstico? ¿O que nos involucremos de acuerdo a nuestras capacidades y dones en todos los ámbitos sociales?”.

AMÉRICA LATINA
Centrando la reflexión en América Latina, Bedford expresó que “lo que vemos es un panorama mixto”. A continuación analizó la cuestión desde una perspectiva sociológica. “No resulta difícil descubrir lo que los sociólogos de la religión denominan ‘la paradoja de género pentecostal’, que aparece no solamente entre los pentecostales, sino en todo el ámbito evangélico: en las parejas heterosexuales donde existe una conversión de ambos a la fe evangélica, los varones suelen superar el alcoholismo y el tabaquismo, dejar de tener relaciones con múltiples parejas y se integran más al ámbito doméstico. Esto suele tener consecuencias positivas para las mujeres de la familia”.

Sin embargo –señaló- el fenómeno tiene sus límites. “Suele existir también una barrera, muchas veces implícita, que la mujer no debe franquear, y que tiene que ver con el poder de un paternalismo aparentemente benigno. Si las mujeres cuestionan demasiado los contornos de ese paternalismo, el esquema de poder muestra su rostro menos benigno: las mujeres en cuestión son acusadas de sobrepasarse, de desubicarse, de no ser femeninas, y de tener que aprender a bajar la cabeza. Si están casadas, sus esposos caen bajo la sospecha de “falderos” o de sometidos. En otras palabras, las mujeres pueden ejercer sus dones espirituales en la medida que no cuestionen el pacto patriarcal, sacralizado por algunos versículos bíblicos y por un bagaje cultural sexista que naturaliza la desigualdad. No es inusual que el liderazgo pastoral de una congregación mire al costado si hay violencia doméstica bajo la convicción de que las mujeres deben aprender a ser humildes y a ubicarse”.

Nancy Bedford acotó a continuación: “Lo que surge, entonces, es que el evangelio suele llevar a que las mujeres se instruyan, aprendan a interpretar textos, oren, canten o hasta prediquen en público y en general asuman papeles en las iglesias evangélicas que las preparan para destacarse en muchos ámbitos de la sociedad, dentro y fuera de la iglesia. Al mismo tiempo, reciben el mensaje de que deben someterse a las autoridades masculinas familiares y eclesiales y que no deben sobrepasarse ni cuestionar demasiado las estructuras de poder paternalistas y/o patriarcales, so pena de ser desacreditadas dentro de una comunidad con la que se identifican profundamente. Cuál pueda ser ese límite a no franquear depende del momento histórico y de la congregación”.

A modo de conclusión, la teóloga expresó que “Lo difícil para las mujeres evangélicas es que el ejercicio pleno de su vocación y de sus dones dependa del beneplácito de una estructural paternalista, cuando pareciera que la interpretación más integral y cabal del evangelio apunta a otra cosa: a que en Cristo se disuelven todas las jerarquías, tengan que ver con la raza, la clase social, el sexo o el género”. 

INTERROGANTES

Nancy Bedford es autora de varios libros, entre ellos La porfía de la resurrección (Editorial Kairós), en el cual se refiere en forma autocrítica a su propio silencio frente al sentido común fariseo: “¿Alguna vez habré escuchado en la iglesia que se orara para que cesara el pecado que lleva a que por lo menos una de cada tres mujeres en todo el mundo sea violentada sexualmente o golpeada brutalmente en algún momento de su vida? ¿Yo alguna vez saqué el tema desde el púlpito, alguna de las veces que me lo pasaron? Creo que no” (pág. 33).

La porfía de la resurrección es una invitación a descubrir la fe en el triunfo del amor por sobre el odio, de la vida por sobre la muerte, de la creación amorosa de Dios por sobre la nada: esa fe nos va fortaleciendo la rebeldía ante las múltiples opresiones de las que sufrimos, pero también nos empuja a la conversión ante nuestras complicidades con la opresión, nos da hambre y sed de la justicia de Dios, nos vuelve porfiadas y porfiados ante el mal y alegres en nuestro caminar en el Espíritu.

En este Día Internacional de la Mujer queda planteado un interrogante: 

¿Qué actitud tenemos los evangélicos respecto a las mujeres que sufren violencia doméstica, a las que son mutiladas en cumplimiento de atavismo ancestrales, a las refugiadas, a las marginadas en su propia comunidad, a las víctimas de la trata de personas, a las que son explotadas…? 

¿Hacia dónde estamos mirando? 
A decir verdad, solemos recordar a las viudas, pero nos cuesta mucho mirar a otras mujeres en situación vulnerable, dramática, injusta, que son millones en todo el mundo.


Autores: Verónica Rossato.

Tomado de: