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lunes, 2 de mayo de 2011

Espiritualidad posmoderna







Frei Betto





Lo que caracteriza a estos tiempos posmodernos en que vivimos, según Lyotard, es la falta de respuesta a la cuestión del sentido de la existencia. Mientras tanto, estamos en la zona nebulosa de la tercera margen del río.
La modernidad agoniza, socavada por ese agujero abierto en el centro del corazón por la cultura de la abundancia. Nunca la felicidad fue tan insistentemente ofrecida. Está al alcance de la mano, en el mostrador de la tienda de la esquina, publicitada en todo tipo de mercancía.
Mientras tanto, el alma se desgarra, bien por la frustración de no disponer de medios para alcanzarla, bien por procurarse los productos del fascinante mundo del consumismo y descubrir que, incluso así, el espíritu no se sacia…
La publicidad repite incesantemente que todos tenemos la obligación de ser felices, de vencer, de destacar sobre el común de los mortales. Sobre ellos recae el sentimiento de culpa por su fracaso. Pero les queda una esperanza, pregonan quienes trastocan el mensaje evangélico de la Tierra hacia el Cielo: el carácter milagroso de la fe. Jesús es la solución de todos los problemas. 
Es inútil buscarla en los sindicatos, en los partidos,  en la movilización de la sociedad.
Vivimos en un universo fragmentado por múltiples voces, ante un horizonte desprovisto de absolutos, con nuestra propia imagen mil veces distorsionada en el juego de espejos. Absorbida por el vacío posmoderno, la religión tiende a reducirse a la esfera de lo privado, olvida su función social, se ampara en lo mágico, se desencanta en la autoayuda inmediata.
En este mundo secularizado la religión pierde espacio público, debido a la racionalidad tecnocientífica, al pluralismo de cosmovisiones, a la racionalidad económica. Sobre todo deja de ser la única proveedora de sentido. Su lugar es ocupado por el oráculo poderoso de los medios, los dogmas incuestionables del mercado, el amplio abanico de propuestas esotéricas.
La crisis de la modernidad favorece una espiritualidad adaptada a las necesidades sicosociales de evasión, de la falta de sentido, de fuga de la realidad conflictiva. Espiritualidad impregnada de orientalismo, de tradiciones religiosas egocéntricas, o sea centradas en el yo, y no en el otro, capaces de librar al individuo de la conflictividad y de las responsabilidades sociales.
Ahora se manipula lo sagrado, sometiéndolo a los caprichos humanos. Lo sobrenatural se doblega ante las necesidades naturales. La solución de los problemas de la Tierra está en el Cielo. De ahí vendrán la prosperidad, la sanación, el alivio. Las dificultades personales y sociales deben ser enfrentadas, no por medio de la política sino por la autoayuda, la meditación, la práctica de ritos, las técnicas sicoespirituales.

De ese modo se reducen la dimensión social del Evangelio y la opción por los pobres. Lo sagrado pasa a ser herramienta de poder, para control de corazones y mentes, y también del espacio político. El Bien se identifica con mi creencia religiosa. Bin Laden exige que el Occidente se convierta a su fe, no al bien, a la justicia, al amor.
Esa tal religión, más orientada a su dilatación patrimonial que al mejoramiento del proceso civilizatorio, evita criticar al poder político para, de ese modo, obtener beneficios de él: concesiones de radio y televisión, etc. Adapta su mensaje a cada grupo social al que se pretende llegar.
Su ideología consiste en negar toda ideología.  Así, ella sacraliza y fortalece el sistema cuyo valor supremo, el capital, se sobrepone a los derechos humanos. Como observaba Comblin, las fuerzas que hoy dominan son infinitamente superiores a las de las dictaduras militares.
A los pobres, excluidos de este mundo, les queda confiar en las promesas de que serán incluidos, cubiertos de bendiciones, en el otro mundo que se abrirá con la muerte. Frente a esa ‘teología’  queda la impresión de que la encarnación de Dios en Jesús fue un equívoco. Y que el mismo Dios se mostrara incapaz de evitar que su Creación sea dominada por las fuerzas del mal.
Por suerte, en las Comunidades Eclesiales de Base, en las pastorales sociales, en los grupos de lectura popular de la Biblia, se fortalece la espiritualidad de la inserción  evangélica. La que nos conduce a ser fermento en la masa y a creer en la palabra de Jesús, de que él vino “para que todos tengan vida y vida en abundancia” (Juan 10,10).
Hemos sido creados para ser felices en este mundo. Si hay dolor e injusticia no son castigos divinos sino que el resultado del obrar del ser humano, y que por él deben ser erradicados. 

Como dice Guimarães Rosa:
“Lo que Dios quiere ver es a la gente aprendiendo 
a ser capaz de mantenerse alegre y amar, en medio de la tristeza. 
Todo camino de este mundo es resbaladizo. 
Pero el caer no perjudica a los demás. 
La gente se levanta, la gente sube, la gente vuelve”
(Traducción de J.L.Burguet)


- Frei Betto es escritor, autor de “Un hombre llamado Jesús”, entre otros libros. 

http://www.freibetto.org/>  

twitter:@freibetto.

miércoles, 23 de marzo de 2011

Monseñor Oscar Arnulfo Romero, Pastor, profeta y mártir

"La palabra queda 
y ése es el gran consuelo del que predica. 
Mi voz desaparecerá 
pero mi palabra, que es Cristo 
quedará en los corazones 
que la hayan querido recoger."


Homenaje a Monseñor Oscar Arnulfo Romero, 
Pastor, Profeta y Mártir a 31 años de su fallecimiento.

El lunes 24 de marzo de 1980, mientras celebraba la Eucaristía, Oscar Romero cayó abatido por un certero disparo en el corazón.
Su muerte martirial sancionó para siempre su vida y lo ha convertido en una buena noticia para el mundo de hoy. Romero es el símbolo real de multitud de mártires de América Latina, esperanza de un mundo nuevo de solidaridad, justicia y fraternidad.

Amenazado de muerte, dijo:

"No creo en la muerte sin resurrección. 
Si me matan resucitaré en el pueblo salvadoreño… 
Como pastor estoy obligado por mandato divino 
a dar la vida por quienes amo… 
Si llegaran a cumplirse las amenazas, 
desde ya ofrezco a Dios mi sangre 
por la redención y resurrección de El Salvador… 
Si Dios acepta el sacrificio de mi vida, 
que mi sangre sea semilla de libertad 
y la señal de que la esperanza 
será pronto una realidad."

El domingo 23 de marzo de 1980 Mons. Romero pronunció su última homilía, la cual fue considerada por algunos como su sentencia de muerte debido a la dureza de su denuncia:

“en nombre de Dios y de este pueblo sufrido... les pido, les ruego,
les ordeno en nombre de Dios, CESE LA REPRESION”.1


Un día después, el 24 de marzo de 1980 Monseñor OSCAR ARNULFO ROMERO GALDAMEZ fue asesinado de un certero disparo, aproximadamente a las 6:25 p.m. mientras oficiaba la Eucaristía en la Capilla del Hospital La Divina Providencia, exactamente al momento de preparar la mesa para recibir el Cuerpo de Jesús. Fue enterrado el 30 de marzo y sus funerales fueron una manifestación popular de compañía, sus queridos campesinos, las viejecitas de los cantones, los obreros de la ciudad, algunas familias adineradas que también lo querían, estaban frente a la catedral para darle el último adiós, prometiéndole que nunca lo iban a olvidar. Raramente el pueblo se reúne para darle el adiós a alguien, pero él era su padre, quien los cuidaba, quien los quería, todos querían verlo por última vez.
Tres años de fructífera labor arzobispal habían terminado, pero una eternidad de fe, fortaleza y confianza en un hombre bueno como lo fue Monseñor Romero habían comenzado, el símbolo de la unidad de los pobres y la defensa de la vida en medio de una situación de dolor había nacido.

Por último queremos invitarles a leer o escuchar el discurso de Monseñor  Oscar Arnulfo Romero al recibir el doctorado honoris causa por la Universidad de Lovaina, pronunciado el 02 de febrero de 1980, 50 días antes de su asesinato: 

Este es considerado como su testamento teológico y político. 
En este documento encontramos lo esencial de su lectura del Evangelio y de su vida de fe.
Discurso completo en  
http://servicioskoinonia.org/relat/135.htm  

El mismo discurso lo puedes escuchar en nuestros podcast (mp3 descargable) en


Notas:
1.      1. Para conocer el texto completo de la penúltima homilía pronunciada por Monseñor Romero, el Domingo 23 de marzo, 1980  visita el sitio  http://www.romeroes.com/

2.      2. Para conocer mejor el contexto histórico de El Salvador, recomendamos el artículo de Manuel Hidalgo (publicado hace un año, marzo 2010): América Central a 30 años del martirio de Monseñor Romero en el siguiente link: http://www.sicsal.net/reflexiones/AmericaCentral30Romero.pdf

José Suazo Navarro
Coordinador CREE

lunes, 21 de marzo de 2011

Testimonios CREE; Carmen Gloria Rodríguez

Carmen Gloria Rodríguez
Miembro de Fraternidad Teológica Latinoamericana (FTL Chile)
Miembro de Comunidad CREE


______________________________________________


Cuando pienso en  lo que la Comunidad de Reflexión y Espiritualidad Evangélica (CREE), y también la Fraternidad Teológica Latinoamericana (FTL) (me es difícil separarlas), han significado para mí, no puedo evitar recordar el estribillo de una canción del grupo folklórico  Illapu, que dice:
Vengan a esta fiesta improvisada
hoy está de día la palabra.
// Echen a volar aquellas trampas
que hacen repetir lo que nos mandan//

Y es que para una mujer como yo, que decidió aceptar la invitación de Jesús a  seguirle, en una denominación pentecostal, originaria de gringolandia, en la que contribuyeron notablemente a sacar de mi espalda la pesada mochila con la que me había cargado la vida, pero donde a la vez se encargaron de ponerme otra quizás aún más pesada que aquella, tanto CREE, como FTL, han sido dos espacios tremendamente liberadores en los que he podido descubrir que vivir una espiritualidad basada en la experiencia, y celebrarla, forma parte de mis derechos humanos que habían sido largamente restringidos y reprimidos por la religión institucionalizada.
Tuve la oportunidad de conocer a CREE y a FTL hace unos 6 o 7 años, mientras estudiaba en el Seminario Teológico Bautista y desde ese tiempo, la reflexión seria, informada y multidisciplinaria, unida a la amistad vista como lugar teológico, elementos que se cultivan en ambos organismos, se han constituido en el impulso que me ha llevado a experimentar un proceso de transformación, de lo que vivenciaba como religiosidad, en una espiritualidad que mueve al accionar concreto en pos de una vida buena, a la que todos y todas estamos llamad@s.
Ha sido en el seno de CREE y de FTL donde he podido tomar conciencia de que las religiones surgieron en la historia de la humanidad hace alrededor de ocho mil años, en cambio, la espiritualidad es tan antigua como la propia humanidad y por tanto se constituye en el fundamento básico del potencial desarrollo de una vida en plenitud.
La vida plena que Jesús vino a ofrecernos no se puede conseguir si se vive una espiritualidad tradicionalmente entendida, a través de elementos como el sacrificio y  la negación de si mism@, que se traduce en sólo “vivir para l@s demás”, o una espiritualidad alienada, enajenada de la propia voluntad y las capacidades, sintetizada en expresiones como “Señor, no soy dign@”, y tampoco espiritualizando la realidad en la que estamos insert@s,  para lograr de ese modo, eludir la responsabilidad que tenemos de intentar mejorarla.
La vida plena es posible mediante una espiritualidad que integra la materialidad, la corporalidad, la sexualidad, la amistad, la naturaleza, la acción política, la solidaridad e incluso la muerte, como lugares de vivencia de lo sagrado.
Comprender todo esto me llevó el año pasado a tomar la decisión de dejar la iglesia convencional. Creo que en lo que me queda de vida terrenal, siempre recordaré el año 2010 como el año del gran terremoto, producto del cual, no sólo observé venirse abajo las estructuras físicas (casas, edificios, templos, etc.), sino también, al menos para mí y en mí, se terminaron por desmoronar las estructuras mentales, las construcciones religiosas y las ideas tradicionales acerca de Dios y de la iglesia.
Lo paradojal es que no me siento fuera de la iglesia, al contrario, hoy me siento más integrada que nunca a la familia humana y a toda la creación. Ya no quiero ser evangélica, ni católica, ni ortodoxa, prefiero ser parte de la iglesia cristiana universal uniéndome a otros y otras que sientan la necesidad de “ser iglesia” de otra forma, siendo comunidad alternativa y ecuménica
He escuchado a algun@s cristian@s conservadores decir que siempre que haya dos o más reunidos, la institucionalidad es inevitable, y es muy posible que tengan razón. Pero una cosa es la institucionalidad que oprime y otra la institucionalidad que libera, y para mi, la que he comenzado a vivir en CREE y en FTL es mucho más liberadora que opresora.
Ahora puedo atreverme a hacer mío el siguiente poema del sacerdote Pedro de Casaldáliga
¿Por qué no cambias de Dios?

Para cambiar de vida
Hay que cambiar de Dios.

Hay que cambiar de Dios
Para cambiar la Iglesia.

Para cambiar el Mundo
Hay que cambiar de Dios

Y digo atreverme, ya que hace poco más de un año, si hubiera adherido a este pensamiento, públicamente, como lo estoy haciendo hoy, me hubiera arriesgado a que algunos y algunas intentaran “quemarme” por apóstata (existen variadas formas de “quemar” a alguien, ¿verdad?), porque lamentablemente hay muchos y muchas que no son capaces de aceptar que la idea que tenemos de Dios no es otra cosa que construcción humana, que hemos construido a Dios a nuestra imagen y semejanza en lugar de “vivir” la experiencia de Dios en el seguimiento a Jesús, seguimiento que no puede quedarse a nivel del entendimiento y de la aceptación intelectual, sino también impostergablemente, debe realizarse de maneras materiales y concretas.
CREE y FTL me han ayudado a tener la valentía de “desprogramarme”. Esto ha sucedido porque hemos conformado grupos de amigos y amigas que no practicamos la amistad a la manera tradicional (Aristóteles define la amistad como “una igualdad o semejanza”). Nosotros y nosotras hemos ido descubriendo que la amistad se potencia en las diferencias, en asumirlas y aceptarlas, en los desencuentros y encuentros, en las conversaciones planificadas o improvisadas donde el lenguaje teológico y el coloquial se entremezclan, y en las que a veces hay equilibrio y muchas veces no. CREE y FTL son hogares teológicos, no museos teológicos, y como sucede en todos los verdaderos hogares, no es posible mantenerlos prolijamente ordenados, se desordenan y ordenan, se ensucian y se limpian, en una danza constante, dinámica y liberadora, y todo esto hace de ellos, espacios abiertos a la acción del Espíritu que nos posibilita la transformación mutua.
Termino compartiendo, a modo de invitación,  una estrofa de la misma canción del comienzo
Si quieres hablar del amor
o de la rabia que te abraza
Si quieres cuenta la razón
aquí podemos escucharla.
Hoy día la conversación
ha puesto sus mejores galas
y se ha escapado de la jaula
que la mantiene encajonada.
 
Vengan a esta fiesta improvisada
hoy está de día la palabra…

martes, 15 de marzo de 2011

SALUD Y ESPIRITUALIDAD





Víctor Rey


“El ladrón no viene más que a robar, matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y la tengan en abundancia”.  (Juan 10:10)


Con el tiempo hemos llegado a reconocer que las causas de la enfermedad en el mundo son tanto socioeconómicas y espirituales como biomédicas.  La mayoría de las veces, la cuestión de la salud está supeditada a situaciones relacionadas con la justicia, la paz, la integridad de la creación y la espiritualidad.

Es un hecho reconocido que la principal causa de las enfermedades en el mundo es actualmente la pobreza, resultado final de la opresión, la explotación y la guerra.  Las campañas de vacunación, los métodos tradicionales no resuelven, de manera significativa, los problemas que plantea la enfermedad debida a la pobreza.  Las iglesias están llamadas a considerar esta situación como una cuestión de justicia que debe plantearse en los centros de poder a nivel local, nacional, regional y mundial.  Al mismo tiempo esto es un llamado al compromiso para lograr una distribución más equitativa de los recursos disponibles en materia de salud, tanto en el plano nacional como internacional.

Al luchar por la justicia y los derechos humanos en el mundo, los cristianos han descubierto nuevas señales del poder de curación de Dios, y confiando en El, han aprendido a superar la desesperación y el miedo a la muerte.

Los conflictos armados y otras formas de violencia política han sido las principales causas de muerte en este último tiempo.  El terrorismo  de Estado, ejercido a través de torturas, encarcelamientos, así como otras violaciones de los derechos humanos, han destruido la integridad física, mental y espiritual de personas en el mundo.  La amenaza de exterminio nuclear pesa sobre todo el orbe, eliminando toda esperanza de vida.

Ningún medicamento puede aliviar la enfermedad personal y social que surge como producto del clima militarista que azota al mundo.  Ante esta situación, las iglesias deben recordar la bienaventuranza de ser artífices de la paz.

En el mundo de hoy, existen una buena cantidad de enfermedades causadas por los propios seres humanos.  Por ignorancia, avidez o falta de control personal, hacemos individualmente y colectivamente, cosas que ocasionan daños físicos, mentales, espirituales y ecológicos que no pueden ser reparados por la tecnología médica.  Los estilos de vida y los valores individuales perturban cada día más las relaciones sociales y la vida comunitaria.

El Evangelio de Cristo, invita a los cristianos a defender y proteger la integridad de la creación, interesándose por el cuerpo humano, así como por las condiciones ambientales necesarias para conservar la vida.

Hoy la ciencia médica comienza a afirmar la verdad bíblica de que las creencias y los sentimientos son los instrumentos y fuerzas que permiten la curación.  Incluso en medio de la pobreza muchas personas gozan de buena salud, mientras que entre los ricos existen muchos con enfermedades crónicas.  ¿Por qué?  Esto es debido a que lo más importante para la salud es la dimensión espiritual.   Cuando optamos por la dimensión espiritual de la vida elegimos la vida abundante, la vida plena, la vida integral.  La culpa, el odio, el resentimiento y el sin sentido son los factores que más influyen en la disminución de la capacidad del sistema de inmunización del cuerpo, en tanto que las relaciones de amor, de solidaridad en comunidad son las que más aumentan esa capacidad y también la resiliencia.

Quienes tienen una armonía amorosa con Dios y su prójimo, no solo sobrellevan mejor la tragedia o el sufrimiento, sino que salen fortalecidos de esas pruebas.

El hecho de que el Evangelio habla directamente a la realidad espiritual de la persona, unido a la comprensión de que la intervención de Dios en la historia por medio de Cristo nos aporta una salvación sanadora, constituyen el centro mismo de la Buena Noticia del Reino de Dios.


jueves, 10 de marzo de 2011

EL CAMBIO RELIGIOSO COMO OPORTUNIDAD PARA EL DESPERTAR ESPIRITUAL


Extracto de la ponencia de Enrique Martínez Lozano 
en el Foro de Profesionales Cristianos de Madrid

del 22 de noviembre de 2010

 “Los místicos de todas las tradiciones y a lo largo de toda la historia han dicho siempre que “todo era Uno”. No se niegan las diferencias, pero todo es Uno. La física cuántica, observando y experimentado todos estos elementos y partículas subatómicas concluye, entre otras afirmaciones revolucionarias, que no hay nada separado de nada: tú tocas aquí y aquello otro se modifica. Y, finalmente, la psicología transpersonal experimenta que, en cuanto se pasa del estadio racional, la realidad se ve de un modo diferente, absolutamente interconectada e interrelacionado. (…)
En definitiva, lo característico del paradigma postmoderno es la convicción de que todo es una red, de que todo influye en todo, y de que la realidad tiene un modelo holográfico, que significa que en cada parte está el todo. Se abre paso la no-dualidad: junto con las diferencias de las formas, más allá de ellas, late una profunda Unidad de todo Lo que es.
Los cristianos tenemos una metáfora de Jesús que es inigualable y que pocas veces la sabemos leer. Jesús dice: “Yo soy la vid y vosotros los sarmientos”. La vid y los sarmientos ¿qué son, una cosa o dos? No-dos. La no dualidad es lo más revolucionario de la postmodernidad, y las personas religiosas haríamos bien en entrar por ahí porque sólo eso nos permitirá experimentar a Dios.
Dios no está ni lejos ni cerca, ni dentro ni fuera. Dios es el Misterio de Lo Que Es. Así se dice “lo que es” en hebreo, “Yhwh”. Aunque luego se lo haya entendido como un Dios de rayos y truenos, que te podía castigar hasta la séptima generación; cuando se piensa a Dios, se lo objetiva y se lo “individualiza”: todo dios pensado es un ídolo de nuestra mente. Dios no se puede pensar, porque en nuestra mente no cabe. Entonces, ¿qué se puede hacer con Dios? Vivirlo. A Dios lo podemos vivir pero no lo podemos pensar. ¿Cómo vivimos a Dios? Cuando hacemos lo que hizo Jesús. Jesús fue un hombre que vivió a Dios, por eso “pasó por la vida haciendo el bien”. Cuando entramos por aquí, trascendemos la religión y nos adentramos en la espiritualidad…
El camino más corto a la espiritualidad es el venir al aquí y ahora, es el venir al momento presente. Presente –con mayúscula- es sinónimo de Dios. Es la Shekiná, la Presencia. El presente está preñado de Dios, el presente es otro nombre de Dios, la Presencia. Es uno de mis nombres queridos. Por eso hablar de espiritualidad es hablar de no dualidad. Otro místico, Javier Melloni, repite esto: “No somos iguales, pero somos lo mismo”. Como las olas y el océano: no son iguales, pero son lo mismo…
¿En qué coinciden todas las cosas que son? En que son. El Ser es el núcleo de lo real. Pero para percibirlo, necesitamos acallar la mente. Y para eso necesitamos meditar… sólo la meditación nos permite entrar en este camino de la espiritualidad. El despertar espiritual consiste en descubrir ese Dinamismo de un darse que engendra la forma que somos en la no-separación. Caer en la cuenta de eso y experimentarlo: eso es la espiritualidad.
Todo el misterio de la Vida es un Darse. Ese Darse está engendrando permanentemente la forma que somos cada cual. ¿Qué es un océano? Un darse del agua que está generando olas de todos los tipos continuamente. Eso es la espiritualidad. Si lo queremos formular en lenguaje religioso, la experiencia original es ésta: estamos siendo creados continuamente desde la profundidad de Dios en la no-separación. Igual que la ola es forma donde el agua vive, Dios lo que busca es vivirse en nosotros. Como le gusta insistir a Willigis Jäger, Dios no quiere ser adorado, quiere ser vivido.
Inteligencia espiritual es la capacidad de trascender la mente y el yo, porque somos capaces de separar la conciencia de los pensamientos. Pensamientos tenemos, pero conciencia es lo que somos. Y cuando uno se identifica con los pensamientos, ¿qué pasa? Que sufre. La espiritualidad consiste en darse cuenta de la trampa que significa identificarse con nuestros pensamientos; porque los pensamientos son objetos, pero yo soy la Conciencia que observa esos objetos.
(…) La práctica de la meditación es, por tanto, un camino de libertad interior; y un camino de compasión. Sabemos si una persona medita porque se va haciendo más compasiva. Si alguien presume de meditar y no es más compasivo en la práctica, está haciendo narcisismo espiritual. Meditar no es nada complicado, pero le cuesta mucho a nuestro yo. Meditar es acallar, silenciar la mente, dejar de identificarse con ella. Porque no somos lo que podemos observar, sino la Conciencia que observa”. 
 ________________________________________
Tomado de:  profesionalescristianos.com 
también publicado en www.eclesalia.net

Más información en enriquemartinezlozano.com
Trascripción completa de la charla, descargable en:  profesionalescristianos.com

sábado, 5 de marzo de 2011

UNA ESPIRITUALIDAD PARA HOY

Por Víctor Rey

“Ser lo que se es.  Hablar lo que se cree.  Creer lo que se predica.  Vivir lo que se proclama.  Hasta las últimas consecuencias y en las circunstancias diarias”
Pedro Casaldáliga


Cuando hablamos de espiritualidad estamos hablando de la búsqueda de la relación del ser humano con el ser supremo.

Para nosotros los cristianos este ser supremo es Cristo Jesús.  Por lo tanto nuestra relación se da con Cristo que lo entendemos a partir de la perspectiva de nuestra fe que se fundamenta en la Palabra de Dios.  Es un Dios viviente, activo en la historia y que está en medio nuestro.

Por lo tanto debemos reconocer que nuestra espiritualidad, es decir nuestra relación con Dios no siempre se hace dentro del marco correcto y que está viciado por nuestra propia vida y en nuestra relación con la Iglesia y el mundo.  Esto muchas veces resulta en una falsa espiritualidad, ya que a veces se confunde espiritualidad con emocionalismo.

Para otros la espiritualidad es identificable con la proyección de sus pensamientos y sentimientos, a los cuales se reviste de un carácter sagrado.

Para otros la espiritualidad es un escapismo, es una especie de refugio donde guarecerse de las batallas de la vida, donde encontrarse mentalmente seguro en un mundo marcado por la inseguridad, la incertidumbre y el miedo.

Por lo tanto, esa espiritualidad con sentido de refugio, con sentido de ghetto, proyectada en el más allá, que no es coherente ni capaz de vivir en el más acá, es de mi perspectiva, una falsa espiritualidad.

Limitándonos a la acción y misión del Espíritu Santo hoy debemos decir que la penetración del Espíritu Santo en la historia y más específicamente en la Iglesia naciente, vino a ser como el gran comienzo del Reino de Dios entre nosotros.  El Espíritu Santo que siempre estuvo presente - lo encontramos en toda la teología del Antiguo Testamento- se hace presente en una forma especial, con un dinamismo especial, a partir del acontecimiento histórico de Pentecostés.

Lo que Cristo había enseñado con su vida, hechos y palabras acerca del Reino, ahora la Iglesia debía practicarlo, vivirlo y esto solo le sería posible con el auxilio del Espíritu Santo.

El elemento que nos hace dar el salto cualitativo hacia el Reino de Dios es justamente el poder del Espíritu.  Es el poder del Espíritu Santo el que nos permite poner dentro del marco de lo posible todo aquello que humanamente es imposible.  Es atreverse a soñar, sabiendo que nuestros sueños pueden ser realidad por el poder del Espíritu Santo.  Y eso es Buena Nuevas para hoy.

El Espíritu Santo esta en el mismo origen de la misión cristiana.  El Espíritu Santo es el que nos da la fuerza para cumplir la misión y es el que nos garantiza el resultado de nuestra misión.

De nada vale que tomemos conciencia de cual es nuestra tarea misionera si no tenemos el poder para hacerla.  Lamentablemente muchas de nuestras iglesias, muchas veces no llegan a ser más que "clubes de buena voluntad", y esto es debido a que no tienen el poder para hacer que esa buena voluntad sea efectiva.  El libro de Hechos de los Apóstoles nos dice en 1:8 "...recibiréis poder cuando haya venido el Espíritu Santo entre vosotros".   El Espíritu Santo ya vino.  No es entonces con astucia o con fuerza humana, sino que es reconociendo el poder de Dios que se realiza la misión.  Un poder que se manifiesta en todos los órdenes de la vida.

Dios permita que en nuestra vivencia de fe, en nuestra espiritualidad, podamos poner nuestras fuerzas y nuestras capacidades de tal manera en las manos de Dios, que en una entrega sacrificial por su Reino seamos útiles a su causa, pero sabiendo en última instancia que nada podemos hacer si no es con el poder de Dios, el poder del Espíritu Santo.

El Espíritu Santo es el que nos ayuda para que nuestra espiritualidad sea una espiritualidad comprometida.  Es la única manera de que una espiritualidad pueda ser llamada cristiana.