CRONICA DE COSTA RICA
Víctor Rey
Acabo de llegar desde Costa Rica. He visitado muchas veces este pequeño país de
Centroamérica de 51.000 kilómetros cuadrados y de 5 millones de habitantes, en
el Indice de Desarrollo Humano a nivel mundial ocupa el puesto 69 y a nivel de
América Latina el puesto 7. Su economía radica básicamente en el turismo, la
agricultura, la exportación de equipos electrónicos y los servicios. Su moneda es el Colón, pero el dólar es
aceptado en todas partes. Destaca en la
producción de bananos, café y piñas. Costa
Rica, el país de la “Pura Vida”, así se saludan “los ticos” y así reciben al
visitante. Siempre me sigue
sorprendiendo por la belleza de sus campos verdes, su cielo azul lleno de nubes
blancas y el calor tropical de su tierra y su gente. Esto se aprecia inmediatamente cuando uno
sale del aeropuerto Juan Santamaría.
Tienen mucho que compartir: sus parques nacionales; Manuel Antonio,
Corcovado, Tortuguero, La Fortuna, Chirripo, Dominical, Monteverde. Sus playas (en especial de Guanacaste y del
Caribe): Tamarindo, Sámara, Jacó, Santa Teresa, del Coco, Puntarenas, Carrillo, Cahuita, Puerto Viejo. Sus volcanes: el Arenal, Poas, Turrialba,
Irazú, el Rincón de la Vieja. Sus museos: Nacional, de Arte Contemporáneo y
Diseño, del Jade, de los Niños, del Oro, Ferroviario, del Banco Central. Parques y plazas: Central, Zoológico,
Morazán, de La Democracia, de España, de La Merced, La Sabana. Estadios: Nacional,
Ecológico, de Saprissa, de Alajuela, de Cartago. (Costa Rica es el país más
futbolizado de Centroamérica). Teatros como el Nacional, Variedades y el
Popular Melico Salazar, sin contar los innumerables cines. Y una serie de universidades donde destacan
la Universidad de Costa Rica (UCR) y la Universidad Nacional (UNA).
Una de las cosas que llama la atención es que Costa Rica fue el
primer país de América en abolir las Fuerzas Armadas el 1 de diciembre de 1948. Una de las frases que orgullosamente
dicen los ticos es. “Dichosa la madre
costarricense que sabe que su hijo al nacer jamás será soldado”. (Ryoichi
Sasakawi). Realmente Costa Rica ha sido
una isla de paz y donde su democracia ha sido una de las más sólidas del
continente y se ha extendido por mucho tiempo.
Estos elementos han ayudado a considerar a este país como uno de los más
felices del mundo. Y qué decir de su calendario de fiestas populares que se
extienden a través de todo el año por todo su territorio. Donde tiene que avanzar Costa Rica, y lo está
haciendo, es llegar a ser verdaderamente un estado laico que respete a todas
las religiones y creencias por igual. Otro dato interesante es el referente al
día nacional de Costa Rica. Los países
de la ex República Federada de Centro América (Guatemala, El Salvador,
Honduras, Nicaragua y Costa Rica), tienen como fecha de sus independencias el
15 de septiembre1821.
San José no es
una ciudad espectacular si la comparamos con otras ciudades de América Latina,
llenas de plazas peatonales y casas encaladas. Ésta es una ciudad en la que los hitos arquitectónicos
-que los hay- aparecen dispersos entre
grandes avenidas siempre llenas de bullicio y coches. Sin embargo, más allá de
esa primera impresión, San José se revela como la ciudad más dinámica y avanzada del país, el mejor
lugar para respirar la cultura tica. Como además es la entrada obligada al país si vienes en avión, se
justifica dedicarle al menos un día entero antes de lanzarse a la vorágine de
verde y lujuriosa y más verde que es el resto de Costa Rica. Esta es una selección de lugares
a no perderse en San José:
El Teatro
Nacional. La joya de la arquitectura
costarricense está en la Avenida Segunda, junto a la plaza de la Cultura. (Las
calles en general no tienen nombre ni numeración, la gente se ubica por los
hitos urbanos o por alguna característica del lugar). Es uno de los teatros del siglo XIX más
bellos de Centroamérica, mandado construir por los hacendados cafeteros en 1879
para rivalizar con los coliseos que veían en Europa durante sus viajes de
placer o negocios al viejo continente. Fue el más grande de la región en su
momento y el primero que contó con luz eléctrica. Está en perfecto estado de
uso y tiene una programación anual muy intensa. También hay visitas abiertas al
público durante las mañanas. Es un punto
de encuentro. Es el lugar dónde me he
citado con mis amigos pues es fácil de ubicar.
A un costado del
teatro y bajo la plaza de la Cultura se encuentra el Museo del Banco Central,
que en realidad alberga tres en uno. Tiene una sección de arte contemporáneo
con exposiciones temporales, el museo de la Numismática y – el más interesante-
museo del Oro Precolombino. En este último se exhiben muchos ajuares funerarios
y piezas encontradas en excavaciones fabricadas con oro puro: joyas,
pectorales, amuletos, etc. La colección no es muy extensa pero incluye piezas
de alto valor. Además tiene un criterio muy antropológico que complementa con
reproducciones a escala de poblados y escenas cotidianas de los pueblos
precolombinos de Centroamérica.
Las principales
arterias de la ciudad son estas dos avenidas paralelas. La Central está
peatonalizada en buena parte y es el eje comercial por excelencia, lleno de
gente y ambiente conforme avanza el día. En la Segunda se localiza la catedral,
la plaza Central (que hace las veces de plaza Mayor en una ciudad que carece de
ella) o la iglesia de San José, entre otros monumentos y edificios reseñables. Y no hay que olvidar la Fuente de la
Hispanidad que es el lugar donde los ticos se reúnen para celebrar los triunfos
deportivos y políticos.
El Mercado
Central. Todo un ejemplo de continuidad,
pues sigue en el mismo sitio donde fue fundado en 1880. De hecho se jactan de
que en todo ese tiempo, si exceptuamos los domingos, solo se cerró un día: fue
un lunes de 2015 para renovar el tendido eléctrico. Tiene puestos de frutas,
verduras, carnes y pescados en los que se puede encontrar viandas locales:
tamales asados y de maicena, cafés, bizcochos de queso, guanábanas y otras
frutas tropicales de temporada, tiquizque, tacaco, especias, queso y otras
delicias. Pero ofrece también numerosos restaurantes populares bajo su techo en
los que se puede comer bien y barato cocina tica auténtica. Es famoso el Tala,
una tasca con cero glamour pero donde sirve tortillas con gallo pinto y un
huevo frito encima, envuelto todo en hoja de banano que quitan el hipo. En el mercado está también la Sorbetería de
Lolo Mora, que lleva abierta desde 1901 y solo sirve helado de un mismo sabor:
canela con vainilla.
En los barrios más
modernos que rodean el centro histórico están surgiendo numerosos bares y
restaurantes con diseño y producto mucho más vanguardista. Es la nueva ola de
la cultura gastronómica tica, un soplo de aire fresco más allá del casado y el
gallo pinto tradicional. Un ejemplo es La Cafeoteca (calle 31 esquina Avenida
5), restaurante y bar especializado en café donde cada taza se mima con desvelo
(pesan los granos de café y el agua de cada servicio para que sepa siempre
igual) y donde ofrecen variedades de las ocho regiones cafeteras del país,
preparadas además con diversos tipos de cafeteras y métodos de filtrado. Para
cenar recomiendo el restaurante del hotel Grano de Oro; no es barato para la
media nacional pero tiene una cocina internacional y local exquisita y un
servicio también por encima de la media nacional. Otro edificio interesante de
conocer es el de Correos y Telégrafos ubicado en pleno centro.
En la Suiza
Centroamericana, como la llaman, se aprende a respetar el medio ambiente. Allí
se aprende a vivir respetando el entorno, mimetizándose con él. Es para amantes
de los animales y de la naturaleza en estado virgen. La naturaleza es el personaje principal en
este país. Es el primer país del
continente americano, que ha prohibido la caza comercial y deportiva y también
los zoológicos. Es un país tropical en
el que se aglutina el 7% de la biodiversidad del mundo. En sus selvas húmedas conviven especies en
libertad como monos aulladores, arañas de todo tipo, capuchinos, jaguares,
pumas, caimanes, tucanes, papagayos, guatusas, mariposas gigantes de todos los
colores y serpientes.
Dice una frase que
leí por ahí: “Uno no es de donde nace, sino de donde quiere morir”. Yo cambiaría la última frase y diría: “Uno no
es de donde nace, sino donde quiere vivir”.
Y Costa Rica es una buena opción.
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