LA EDUCACIÓN TEOLÓGICA
Y LOS DESAFÍOS DE LA CRISIS DEL ECUMENISMO DENTRO DEL ESCENARIO PROTESTANTE
CHILENO
Prof. Jaime Alarcón V. (C.T.E. de Chile)
Deseo trazar algunas líneas de reflexión en
torno a la Educación Teológica frente a los desafíos del ecumenismo, desde el
contexto del mundo Evangélico/Protestante chileno. Y realizo esto, a partir de
mi experiencia como docente, en esta casa de estudios teológicos con medio
siglo de experiencia. Mi objetivo, no es entrar en abstracciones y teorías,
sino partir desde un análisis coyuntural que arranca de la vida cotidiana. No
pretendo dar respuestas, sino el buscar nuevos paradigmas para la Educación
Teológica levantando algunas preguntas a una preocupación que a todos nos
convoca como comunidades de fe y como instituciones eclesiales con vocación
ecuménica: ¿Cómo afecta al mundo protestante chileno la crisis del ecumenismo?,
y ¿Cómo afecta a la educación teológica dicha crisis?
Me propongo abordar brevemente tres puntos
que están presentes y afectan nuestra vida cotidiana: 1.- Un diálogo ecuménico que surge desde nuestras limitaciones personales;
2.-
La Educación Teológica desde un contexto de Libre Mercado y de conservadurismos y; 3.- La Educación Teológica articuladora de un diálogo sobre verdades
de fe particulares.
1.- Un diálogo
ecuménico que surge desde nuestras limitaciones personales.
Partimos
reflexionando desde una época postmoderna, y ésta nos confronta con un resurgimiento
o retorno de lo sagrado, aunque este resurgimiento no significa,
necesariamente, una revitalización del cristianismo[1]. El
hombre/mujer posmoderno urbano reconoce la importancia de la religión para su
ser, pero no desea ser parte de una religión institucionalizada[2]. Hoy día, la
religión no ha desaparecido de la sociedad secularizada, ella se encuentra
diluida y transformada, presente en
todos los aspectos de la cultura, difundida por los Medios de Comunicación de
Masas e incluso en la Economía. Sin embargo, al
estar ésta contenida y diluida en medio de las diversas expresiones culturales
de la sociedad posmoderna[3], ella no cumple su función de ‘religar’ al ser humano y de darle esperanza.
Tal parece que el sin sentido de la vida se apodera de las personas.
Reconocemos que la posmodernidad ha hecho
resurgir el sentimiento religioso, pero se trata de una espiritualidad con
características altamente subjetivas e individualistas, que alejan a las
personas de sus demandas por mejorar los problemas colectivos que afectan
directamente a su vida cotidiana. Asumimos
el desafío de reflexionar a partir de un contexto latinoamericano
colonizado y subdesarrollado, realidad que
nos obliga a considerar la posmodernidad en una forma más mesurada, no
concibiéndola como una etapa que deja de lado los presupuestos e ideales
emancipadores propios de la modernidad; sino como una continuidad más crítica
de los límites y debilidades del pensamiento moderno.
Si asumimos que el diálogo ecuménico es eso
un “diálogo”, un encuentro entre seres humanos finitos e imperfectos, que desde
su perspectiva de fe buscan mejorar su condición humana a través de la comunicación.
En ese respeto por la alteridad nos descubrimos dueños de una verdad parcial
que reclama y necesita ser complementada y enriquecida por la mirada del otro y
otra. Pero para ver al otro/otra es necesario despojarme de las seguridades que
mi cosmovisión me otorga, para reconocerme dependiente de: Dios, de mi prójimo
y de la naturaleza. Dentro del ámbito
cristiano leemos la Biblia concibiéndola como la Palaba de Dios que libera a
todo ser humano, pero radicalizamos e ideologizamos nuestras lecturas e
interpretaciones particulares; olvidándonos que al imponer nuestra visión
nuestra lectura particular ya deja de ser liberadora. Y así dejamos de crecer
en la gracia. Carlos Mesters nos recuerda la necesidad de complementarnos en
nuestras miradas de fe, los unos con los otros/as.
“Infelizmente, muchas veces, en la práctica pastoral,
estos dos aspectos de la Palabra están separados. De un lado, los movimientos
carismáticos, de otro lado, los movimientos de liberación. Los carismáticos
tienen mucha oración, pero muchas veces carecen de visión crítica y tienden a
una interpretación fundamentalista, moralizante e individualista de la Biblia.
Por eso, su oración, muchas veces, carece de fundamento real en el texto y en
la realidad. Los movimientos de liberación, a su vez, tienen mucha conciencia
crítica, pero, muchas veces, carecen de perseverancia y de fe, cuando se trata
de enfrentar situaciones humanas y relaciones entre personas que, dentro del
análisis científico de la realidad, en nada contribuyen a la transformación de
la sociedad. A veces, ellos tienen una cierta dificultad para ver la utilidad
de largas horas gastadas en la oración sin resultados inmediatos.”[4]
Por lo tanto, el primer desafío que nos
presenta la postmodernidad para la educación teológica es el socializar una
teología que libere a los cristianos/as evangélicos/as latinoamericanos del
clásico discurso ‘colonizador’, tan arraigado en muchas teologías
tradicionales. Discurso que funciona ‘cosificando’ al otro/otra, con el
propósito de etiquetarlo, manipularlo y oprimirlo[5]. Lamentablemente,
esta realidad teológica está presente en una abrumadora mayoría de las iglesias
chilenas.
También es urgente el integrar el paradigma
de las limitaciones de la razón y de las interpretaciones teológicas, asumiendo
que somos dependientes los unos de los otros, y que vivimos en un mundo
pluralista en donde todos y todas necesitan ser mirados con respeto.
2.- La Educación Teológica desde
un contexto de Libre Mercado y de conservadurismos.
Vivimos
en un mundo globalizado con un sistema económico globalizado, asumiendo
ideológicamente que es el Mercado el capaz de satisfacer todas las necesidades
del ser humano. Y así le damos al “mercado” un carácter absoluto y lo
convertimos en una especie de ‘ídolo’ todo poderoso que abre sus bondades a
todos/as aquellos que puedan consumir bienes circulantes en el mercado. La
crítica de Arend Th. Van Leeuwen[6]
a la teología burguesa es que gran parte de la teología aún no logra
desembarazarse del ‘culto al hombre abstracto’, denunciado por Marx como el
hilo de vinculación más propicio para la integración ideológica del
cristianismo en el pensamiento burgués. Hugo Assmann reconoce esta falencia de
la siguiente manera: “Por eso, precisamente, la teología se encuentra tan
impotente, al margen de nuestra sociedad burguesa. Le falta un instrumental
para el análisis económico. Por eso también continúa atorada en moralismos sin
valides y en abstractas categorías éticas”[7]. Las perversas infinitudes (del capital, del
mercado, etc.) no pasan de utopías invertidas y encarcelamiento de la esperanza
en lo ya-dado. Trabajan con modelos de aprehensión de la realidad, donde lo que
es histórico es rebajado nuevamente a lo ‘natural’, con leyes que no se pueden
quebrantar. Esta ‘naturalización’ de la historia, disimulada en una
cientificidad no-valorativa y neutra, opera de hecho con valores absolutos que
se presuponen como ya aprisionados en lo real. Los valores absolutos no pasan
de una absolutización banal de valores concretos que corresponden a intereses
concretos. La cuestión se presenta
como una inevitable confrontación entre mundos de valores discrepantes o
francamente antagónicos. En cada uno de ellos se dan operaciones teológicas. Se
trata de teologías en conflicto, de una lucha de dioses.
La
vuelta a la democracia en Chile se realizó tras un conservadurismo económico
neoliberal oculto tras el anhelo de un pueblo oprimido que sólo tenía la
esperanza puesta en una democracia que le asegurara elegir su destino en forma
libre. Todos los anhelos de justicia por la violación de los D.HH. y de
igualdad de oportunidades se postergaron, tras la máscara de una transición
política que nunca terminó. Hoy día, después de 25 años de “democracia” podemos
constatar una profunda desigualdad económica, tras la aplicación por la fuerza
de las armas de un sistema económico capitalista neoliberal, sistema que tiene
a muchos políticos prácticamente arrodillados a los intereses económicos del
sistema. La dictadura militar
realizó un profundo cambio del mapa de la riqueza en Chile, y privilegió a un
grupo de tecnócratas que introdujeron un modelo Capitalista neoliberal sin
regulación del Estado, que produjo una
profunda desigualdad social entre ricos y pobres. Y la democracia ha mantenido
este orden social gracias al uso de la ideología que ha permitido ocultar la
condición de clases privilegiadas y oprimidas en Chile.[8]
Después
del atentado a las ‘torres Gemelas’ en los Estados Unidos, los conservadurismos
y fundamentalismos se fortalecieron en toda la América continental (norte,
centro y sur) [9].
Y este resurgimiento conservador ha encontrado un rápido eco en muchos
movimientos evangélicos de nuestro país, los que acentuaron su tradicional
posición conservadora ideologizada, los que tratan de imponer su visión
valórica sobre el resto de la sociedad.
Debemos tener presente que la realidad del fundamentalismo
no existe solo en las iglesias cristianas sino también en otras religiones:
judaísmo, islamismo, budismo; incluso existe un fundamentalismo secularizado
tanto en la política como en la visión
del modelo económico neoliberal. Según Carlos Mesters el fundamentalismo es
peligroso para los anhelos libertarios de una sociedad.
“El
fundamentalismo es un peligro. El separa el texto del resto de la vida y de la
historia del pueblo y lo absolutiza como la única manifestación de la Palabra
de Dios. La vida, la historia del pueblo, la comunidad ya no tendría nada que
decir sobre Dios y su Voluntad. El fundamentalismo anula la acción de la
Palabra de Dios en la vida. Es la ausencia total de conciencia crítica. El
distorsiona el sentido de la Biblia y alimenta el moralismo, el individualismo
y el espiritualismo en la interpretación. Es una visión alienada que agrada a
los opresores del pueblo, pues ella impide que los oprimidos tomen conciencia
de la iniquidad del sistema montado y sostenido por los poderosos”[10]
Desde
América Latina y especialmente en Chile, vivimos en un contexto evangélico de
“Iglesias Protestantes sin reforma”[11],
en donde el protestantismo debe hacerse espacio en medio de grupos religiosos conservadores
algunos de ellos seudo-evangélicos, que no tienen ningún respeto por la
alteridad de nadie. Muchos de estos líderes desconocen y no les preocupa
conocer, ni respetar los valores distintivos de la reforma; concibiendo sus
comunidades de fe como una especie de pequeñas empresas privadas que les
permiten vivir de la fe; produciendo comunidades sumisas y dependientes de la
voluntad de sus líderes que en nada contribuyen al ejercicio de una práctica
democrática. Y todo esto ocurre bajo el amparo de una “Ley de Cultos”
permisiva, sin un reglamento interno que aseguren los valores protestantes,
permitiendo la existencia de grupos seudo-evangélicos que lejos de aportar al
diálogo ecuménico, dificultad la convivencia social.
Vivimos
el cristianismo en medio de un mundo de ‘perplejidades’ y para salir de esta
crisis necesitamos volver a nuestros orígenes, a las raíces originales. Tan
sólo revisando el pasado y releyendo crítica, profética y amorosamente el
proceso que nos ha conducido hasta nuestro presente, lograremos fortalecernos y
rearticularnos en medio de un mundo religioso pluralista que busca nuevos
paradigmas para interpretar la realidad y dar sentido a la vida. Tal como lo
enuncia Justo González, ni los fundamentalistas ni los progresistas aportan
luces con sus respuestas a la perplejidad en que vive el cristianismo en el
presente siglo[12].
Y
esta perplejidad se refleja en el accionar de muchas Iglesias
Protestantes/Evangélicas chilenas, las que se esfuerzan por vivir dentro de los
valores distintivos del protestantismo, tal parece que les avergüenza la crisis
de la religión, que todos y todas vivimos en el siglo XXI. Y queriendo
fortalecerse viven un proceso de ‘enclaustramiento’ que les hace abandonar los
escenarios de diálogo ecuménico que antes les eran propios. Y muchas de ellas
creen encontrar la respuesta a la perplejidad, atrincherándose en posiciones
doctrinales conservadoras, e incluso fundamentalistas, intentando salvar la
institucionalidad de sus congregaciones, en desmedro y descuido de la vivencia
comunitaria de su fe, de la denuncia profética y del fortalecimiento de la
democracia. Tal parece que se vive en
medio de una esquizofrenia social, pues Iglesias que hace algunas décadas atrás
se confesaban abiertamente como ecuménicas, hoy día prácticamente se
avergüenzan de serlo, desconociendo su vocación y tradición evangélica.
Nuestra experiencia como casa estudios
teológicos, ha sido constatar que la oferta de un curriculum con énfasis
progresistas no resulta atractivo para la mayoría de las iglesias evangélicas
chilenas. Enseñar una teología protestante pluralista y contextual, en diálogo
con las ciencias sociales y
interreligiosas, que incluya como objetivo transversal la ‘equidad de género’,
la ‘eco-teología’ y el fortalecimiento de la democracia no resulta atractivo
para un gran sector evangélico. Muchos prefieren una educación conservadora, la
que no hace más que reforzar lo que ya la misma iglesia ideologizada enseña, un
individualismo que sólo está preocupado de su propia sobrevivencia
institucional, lo que les permite a muchos líderes acomodarse al sistema
consumista. Y muchas de estas Iglesias que, hoy día, tienen un protagonismo
frente a las autoridades políticas de turno, están obsesionadas con el poder y
beneficios que el control religioso y manipulación religiosa les otorga.
Lo curioso es que una abrumadora mayoría de
las iglesias evangélicas han renunciado y abandonado la denuncia profética de
un sistema capitalista de libre mercado que reduce a una gran mayoría de los cuidadanos
chilenos a una vida de esclavitud moderna, fruto del sobre endeudamiento con
las casas comerciales que cobran intereses abusivos. Pero por otro lado, las
voces de denuncia y condena pública, por parte de los evangélicos, se suman
para rechazar temas valóricos que buscan actualizar a la sociedad chilena a la
vida social en tolerancia con las minorías de todo tipo. Observamos que nuestro
curriculum de Educación Teológica debe integrar una profunda preocupación y
tarea por enseñar a los y las estudiantes elementos que les permitan conocer
cómo funciona el sistema financiero y de mercado y formar una ‘pastoral para
los endeudados’ que esté al servicio de las iglesias.
En el ámbito de la educación teológica en
Chile, tal parece que todavía vivimos bajo los efectos de la contra reforma del
siglo XIX, pues la presencia protestante-evangélica ya se acerca a los 150 años
de existencia, y todavía la Educación Teológica no tiene un reconocimiento ni
valoración por parte del Estado. El protestantismo llegó a nuestro país avalado
y amparado bajo los grupos progresistas y liberales, y la educación protestante
era una alternativa progresista que tenía como objetivo aportar al desarrollo
democrático del país. Este proyecto protestante fue bloqueado y abortado por
los grupos conservadores de nuestro país, y el pensamiento progresista
prácticamente fue absorbido por las tendencias conservadoras. Las
preocupaciones y prioridades de las Iglesias han sido otras, los intereses de
los líderes evangélicos han sido otros ajenos a la formación teológica.
Quedando así trunco el proceso de difusión de la “Palabra de Dios”: exégesis/hermenéutica,
proclamación y formación; empobreciéndose así la formación integral de todos y
todas los cristianos y cristianas evangélicos de nuestro país.
3) La Educación
Teológica articuladora de un diálogo sobre verdades de fe particulares.
El quehacer teológico, en medio de un mundo
globalizado, nos demanda salir del clásico paradigma de las “verdades de fe
universales”, para aprender a dialogar dentro de la concepción de fe de
‘verdades de fe particulares’ y transitorias. Las Iglesias a las cuales
servimos y educamos teológicamente, deberán acostumbrarse y aprender a
concebirse como ‘Comunidades particulares de fe’ que se asumen frente al ‘otro’
de una manera más intencional como "pueblos del Libro"[13]. La teología
del siglo XXI nos reclama un quehacer dentro de un ambiente de un pluralismo
religioso y cultural que hará afirmaciones confesionales y contextuales
complejas. No puede haber, en este contexto, escenarios miopes de la Teología
que nieguen el reconocimiento del "otro" que está presente, tanto en
el texto bíblico como en su contexto cultural.
Es necesario, como dice Walther Brueggemann,
que la teología del siglo XXI, se identifique como un "pueblo del
Libro" sin pretensiones universalistas, conscientes de los otros
"pueblos" del libro. Así la teología cristiana se realizará en un
diálogo fraternal entre diferentes congregaciones, diferentes religiones, y
cada una aportando su perspectiva particular de la verdad religiosa a una gran
verdad total, que sólo puede lograrse en ese diálogo universal de todos/as y
con todos/as.
Necesitamos una Educación Teológica que
valore y potencie la vivencia de la fe en medio de lo comunitario, como
comunidades teologales[14]. Es lo
comunitario lo que da existencia a lo institucional, y no al revés. Por lo
tanto, si las iglesias desean fortalecerse en lo institucional, deberán
entonces fortalecer lo ‘comunitario’, luchando con el pastor-centrismo, que es
otra variante del conservadurismo eclesiástico.
[1] In Sik Hong, ¿Una
Iglesia Posmoderna? En busca de un modelo de iglesia y misión en la era
posmoderna, p.10.
[3] Jeffrey H. Mahan, “Como e por
que estudamos a religião e a cultura popular”. Estudos Teológicos, p. 193. (Traducción nuestra).
[4] Carlos
Mesters. Sobre lectura popular de la Biblia. [en línea]
[consultado el 14 de septiembre del 2009].
[5] Ines Fernández Mouján. (2013). Redefinición
de los alcances de la Pedagogía de la Liberación en sus dimensiones ética,
politica y cultural. Viedma - Argentina: Universidad Nacional de Río Negro,
(Tesis Doctoral), pp.40-41.
[6] Citado por ASSMANN Hugo
- HINKELAMMERT Franz J., A idolatria do mercado. Ensaio sobre Economia e
Teologia VOZES, São Paulo, 1989, p.16.
[8] Mario Paz Montecinos. Las clases sociales en Chile. [en línea] < http://testimonio-cronica.blogspot.com/2012/11/las-clases-sociales-en-chile.html> [consultado el 20 de diciembre del 2014].
[9] Carmelo Álvarez. El resurgimiento de los fundamentalismos post-atentado
de las Torres Gemelas. Conferencia pública impartida en el marco de la
celebración de la Semana Teológica Dagoberto Ramírez, C.T.E., Santiago de
Chile, 12 de noviembre del 2013.
[12] Parafraseamos una frase del historiador Justo González. (2004). Retorno a
la historia del pensamiento cristiano. Tres tipos de teología. Buenos
Aires: Edic. Kairós, p.14.
[13] Walther
Brueggemann. Old Testament
Theology. En: J.W. Rogerson –
Judith M. Lieu (Editores). The Oxford Handbook of Biblical Studies. New York,
Oxford Universities Press, 2006, p.676. cap. 38.
[14] Nicolás Panotto. (2009). El teologado cristiano. Una propuesta para
una epistemología del ejercicio teologal. Barcelona, Departamento de Publicaciones Ateneo
teológico - Lupa Protestante, pp.1-30.
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