¿Podemos seguir hablando de pecado? (I)
ALFONSO
PÉREZ RANCHAL ·(Lupa Protestante)
Actualmente, una de las cuestiones
más debatidas en determinados círculos es si debemos pensar sobre la Biblia de
una forma distinta a la tradicional. Para los que así lo piensan, el hombre y
la mujer del presente viven en un mundo moderno, una era en la cual la ciencia
y la tecnología han provisto una luz insospechada en tiempos pasados que hace
posible un entendimiento del ser humano, y de todo cuanto le rodea, nuevo y más
acorde con la realidad. Se trataría de un nuevo paradigma en contraposición al
antiguo en donde el ser humano vivía, pensaba y creía de acuerdo a una
comprensión que se derivaba de un pensamiento precientífico y lleno de
superstición. Por ello, el hombre y la mujer del presente necesitan creer según
unos nuevos parámetros, una concepción que esté de acuerdo con los
conocimientos y avances del momento, y no sobre antiguos paradigmas que
concebían, por ejemplo, un cielo de tres pisos o una tierra que se sostenía
sobre columnas que se hundían en un mar primigenio.
Una de las grandes cuestiones que de
aquí se derivan es si debemos hacer lo mismo con la idea de pecado. Si nos
atenemos a los avances de la psicología, de la psiquiatría y de la neurociencia
podríamos estar ante uno de los golpes de gracia al cristianismo. Ello se debe
a que la Biblia es, ni más ni menos, un libro de salvación, un camino al que le
resulta totalmente secundario si en sus páginas se dice que la lluvia cayó
cuando se abrieron unas compuertas desde los cielos, pero al que sí le atañe de
lleno si el concepto de pecado ya no puede ser sostenido. De aquí que términos
e ideas afines puedan correr igual suerte: ¿Se puede seguir manteniendo que
existió un pecado original? ¿Y qué diremos de la oposición de un Dios santo a
las malas acciones de los hombres? ¿A qué vino Jesús? ¿Qué de la obra bíblica
más influyente en el pensamiento cristiano, como es el libro de Romanos?
Antes de continuar me gustaría decir
algo al respecto de la idea de pecado. Es cierto que a lo largo de la historia
de la Iglesia, y por supuesto en la actualidad, pecado es un término que se ha
usado en no pocas ocasiones de forma abusiva y sin saber siquiera qué
significa. A algunas personas se las ha cargado con una culpa insoportable y se
ha utilizado como una forma de control de los creyentes al hacer caer todo el
énfasis en el castigo. Por ello se hace necesaria toda una actualización del
lenguaje para que tenga alguna significación en nuestra sociedad. El cristiano
debe ser capaz de explicar y dar razón en el presente de este importante
concepto, y huir de mentalidades medievales y coercitivas. El propósito de este
escrito es precisamente lograr esto.
En 1991
Bret Easton Ellis publicó una novela que tituló American
Psycho. Este escritor norteamericano había recibido un adelanto de
300.000 dólares de la editorial, pero cuando ésta tuvo en sus manos el escrito
acabado decidió en un primer momento no publicarlo. La razón era las elevadas
dosis de violencia explícita y de sexo que sus páginas contenían.
El
propósito que movió a Ellis a realizar su obra era plasmar en palabras el
espíritu, la esencia y el corazón de los años ochenta. En esta década la
postmodernidad vio la luz y, en su seno lo fashion, el culto al
cuerpo, los yuppies y muchos otros
elementos relacionados llegaron a inundarlo todo.
Ellis
tenía un reto tremendo, ya que pretendía buscar y exponer el alma de esta
sociedad, aunque sabía que ella carecía de conciencia… el resultado fue American Psycho.
La novela tuvo una adaptación a las
pantallas en el año 2000, y un par de años después llegó una segunda parte que
ni siquiera he visto por tener toda la pinta de ser un bodrio insufrible (y
además sin relación con la novela original). Confieso que ha sido una de las
novelas más desagradables que he leído, pero por otra parte me pareció una
radiografía muy acertada de nuestra sociedad llamada postmoderna.
El protagonista Patrick Bateman es el
típico yuppie que trabaja en Wall Street, pero lo hace como una mera
distracción puesto que su familia es rica. Su mundo gira, junto con todas sus
amistades, alrededor de la obsesión por el cuerpo, por la ropa, por las comidas
caras en restaurantes de moda, por las drogas -especialmente la cocaína-, por
la apariencia. Toda su vida, sus planes, su idea de lo que es ser se basa en lo
externo, en cómo peinarse o en adquirir el último disco de su artista favorito
sonando en un equipo de música de alta tecnología. Vive en un mundo puramente
materialista, se rige por sus sentidos, el sexo, la droga, la música, la buena
comida, el físico. Ésta es la forma de vida que practican sus amistades, sus
compañeros de trabajo, su propia familia.
Bateman es un ser humano sin
conciencia, sin empatía, y no se trata de locura sino de vacío moral. Si
alguien va mejor vestido o peinado que él es razón suficiente para que sufra un
ataque de ansiedad y para que su instinto homicida aparezca. De igual forma,
evalúa a las mujeres en base a lo externo, la ropa, la constitución física, que
examina con cuidado y que es lo que determina que quiera llevárselas a la cama
y usarlas como objetos para sentir placer; es incapaz de experimentar amor.
El libro refleja siempre el
pensamiento de Patrick, son sus propias conclusiones e ideas lo que conocemos.
A través de su visión de lo que ocurre el lector va avanzando en toda una serie
de episodios inconexos. No hay una trama, sólo una mente psicópata a la que
tenemos acceso.
En momentos puntuales le invaden unos
tremendos deseos de matar y no encuentra razón moral para no hacerlo. No existe
en él un diálogo ético interno, no evalúa una acción por las consecuencias para
los demás, sólo se basa en lo útil o no para sí mismo. Si le apetece hacer algo
lo hará, sea lo que sea.
Para él no existe la verdadera
amistad; todo se mide por lo que se posee; el placer de los sentidos está por
encima de todo; no hay nada que se parezca a la compasión y los más
desfavorecidos, como los pobres que de vez en cuando se encuentra en la calle,
son objeto de su desprecio y sadismo asesino. Vive mintiendo, aparentando, sin
remordimientos. Se trata de tener, de ser más que el otro, y el precio personal
no importa. Todo está justificado si se consigue lo que se desea.
Así es Patrick Bateman. Sus
pensamientos pueden pasar de hablar sobre trajes a describir mentalmente el
último y horrendo asesinato cometido hace un momento. Es más, en su falta
de conciencia lo que le produce ataques de ansiedad, que controla con fármacos,
es, por ejemplo, no tener una mesa reservada en un restaurante de moda. Ellis,
el autor de la novela, afirmó haberse informado en fuentes del FBI para “crear”
su personaje.
Pero la novela de Easton Ellis
muestra algo todavía más terrible… y es que Bateman vive perfectamente
integrado en su círculo, entre sus amistades y compañeras sexuales, y esto sólo
es posible, como algunos especialistas han puesto de manifiesto, cuando una
sociedad vive y ensalza valores psicopáticos.
Ante esta
ausencia de moral es normal que aparezcan monstruos de la talla de Bateman Él
es, ni más ni menos, alguien que encarna el vacío total de la sociedad en la
que vive. Por supuesto, no es que no existan personas que vivan con principios
y preocupados por el prójimo, sino que lo que Ellis quería plasmar era la razón
de ese boom del culto a lo superfluo en el que muchos
vivían y otros procuraban vivir admirando el glamour, las
fiestas, la moda, lo in, lo out, lo light…
Alguien,
muy atinadamente, ha dicho que la sociedad postmoderna es, en realidad y en
muchos sentidos, una sociedad postmoral. Veintitrés años después de que se
publicara American Psycho la novela
posee una vigencia absoluta y podría haber sido escrita hoy mismo.
De una forma impresionante, Ellis
transmitió en sus páginas la nada, la falta de conciencia, la ausencia de alma
de una sociedad occidental a la que no parece importarle nada, es más, desea
vivir así. El psicópata Bateman es el paradigma perfecto de la persona que vive
plenamente los “valores” del reino de lo superficial, de la banalidad
existencial, aunque precisamente esto es lo que hace de él un psicópata: una
persona inteligente y sin empatía, un auténtico depredador.
Los grandes estudiosos de la
psicopatía están de acuerdo con la escueta definición anterior. Para el
conocido psicólogo forense Robert Hare, el psicópata posee una serie de rasgos
muy definidos entre los que están su encanto personal, una idea sobre sí mismo
sobredimensionada, el uso continuado de la mentira, un manipulador patológico,
alguien sin remordimientos y sin sentido de culpa, cruel, sin empatía,
promiscuo sexual, impulsivo y tarde o temprano cometerá algún delito/crimen.
Cuando Patrick se reúne con sus
amigos para comer o para ir a alguna fiesta, las conversaciones se caracterizan
por la superficialidad y la ausencia de valores tradicionales. El culto a la
imagen, al dinero, al sexo es común a todos ellos. Las personas sólo son
consideradas como caros objetos decorativos, y es esto precisamente lo que
hasta hoy se sigue valorando. Los medios de comunicación, especialmente la
televisión y el cine, presentan al hombre y a la mujer físicamente hermosos,
como aquellos que han logrado lo máximo en esta vida. Son aceptados y admirados
por todos, algo que también sucede con el pudiente, con el rico, con el que ha
triunfado cuando es, por ejemplo, un deportista de élite. Los grupos musicales
en su mayoría exhiben esto mismo en su videos, una juventud que va de fiesta en
fiesta, bebiendo, bailando, y con unos cuerpos dignos de cualquier modelo (de
hecho suelen ser modelos los que salen en estos videos).
Todo es pura fachada, un molde hueco
y la mentira es un recurso aceptado (algo muy difundido en las actuales redes
sociales) para dar una imagen diferente, para aparentar lo que no se es. Se
trata sólo de vivir para uno mismo.
En la actualidad, la política, unida
a un sistema financiero depredador, han arruinado a millones de personas, y
nadie ha expresado ni siquiera una disculpa. Sólo tratan de tapar sus malas
gestiones; la responsabilidad siempre será de otros.
La gran diferencia entre el psicópata
criminal y una sociedad que vive según estos principios es que el primero es el
paradigma, el compendio de todo lo que significa ser psicópata, mientras que la
segunda vive en base a algunas de sus características.
Dicho esto, aún debemos destacar a
otro grupo de individuos a los que se ha denominado como psicópatas integrados
o subclínicos. Este tipo de psicópata, en el día a día, no se diferencia
mucho de cualquier otra persona y, de hecho no incurre en delitos o crímenes.
Puede ser el vecino, el compañero de trabajo o alguien que está leyendo ahora
mismo este artículo. Éste es alguien potencialmente peligroso y podría, si se ve
presionado por determinadas circunstancias, incurrir en algún delito e incluso
el crimen. Sus características son muy parecidas al psicópata criminal y, por
tanto, es encantador, mentiroso compulsivo, sin remordimientos o vergüenza por
actos cometidos, con un enorme egocentrismo, insensible, distante y posee una
vida sexual impersonal. Estos psicópatas integrados suelen mostrarse
especialmente en lo que se llama violencia de género. Lo que desean conseguir a
toda costa es el control absoluto sobre su pareja. Se trata de un control de
tipo psicológico, y para ello recurrirán a presiones, manipulaciones,
fingimientos, mentiras, falsas adulaciones, etc. En casos extremos pueden
acabar con la vida de sus parejas o incluso provocar que algunas de ellas
lleguen a perder la cordura tras años de un intenso padecimiento emocional.
Estos psicópatas integrados suelen
estar también en cargos de responsabilidad en empresas, en la política, en el
ejército, etc. Allí donde su mente analítica y desprovista de sentimientos venga
bien para conseguir objetivos por encima de las personas triunfarán, y así
serán vistos por los demás. Por eso, una sociedad que aplaude este tipo de
procedimientos, de valores, o mejor la falta de ellos, no se percata de que al
frente, por ejemplo de un país, han colocado a un psicópata integrado que podrá
llevarlo a la destrucción.
Como
apuntamos al principio, Easton Ellis quiso captar en su libro el alma de una
sociedad y de un tiempo en los cuales ya no existía una conciencia clara con
parámetros morales por los cuales guiarse. El cambio apareció con una sociedad
postmoderna y postmoral que, basando su vida en una serie de principios propios
de psicópatas, se estaba y se está destruyendo a sí misma. Es de aquí de dónde
vienen las traiciones, el abuso laboral, elbullying, las
masacres en colegios, la violencia de género, la trata de blancas, la
injusticia social, la mentira, el egoísmo, etc. Sociedades fundadas en una
clara falta de empatía y por tanto de una ausencia de conciencia, caracterizada
por el vacío moral.
Por supuesto, el vacío moral no es
absoluto, sino que en muchas ocasiones se observa una mezcla entre lo correcto
y lo rechazable, entre lo bueno y lo despreciable… Y este lado oscuro hace que
la gran mayoría de ciudadanos vivan bajo una serie de principios psicopáticos
que, además, admiran y defienden.
Se discute mucho sobre si el
psicópata nace o se hace, aunque realmente todo se centra en si hay personas
que nacen con una predisposición a la psicopatía. Que los psicópatas se hacen
es un hecho, y en algunos sistemas ideológicos, como fue el nazismo o el
comunismo, la “producción” fue asombrosa.
Dicho esto, aunque algunos puedan
nacer con cierta predisposición, eso no les exime de sus actos posteriores, ya
que saben perfectamente lo que está bien y lo que está mal. No tienen empatía
pero sí una gran inteligencia, y no están locos o fuera de sí. Por ello son
susceptibles de ser juzgados por la ley. Son asesinos sin alma, personas vacías
de moral, pero no ignorantes o discapacitados mentales. Son la personificación
del mal, si hablamos del psicópata criminal; viven de forma psicopática pero
sin recurrir al crimen si nos referimos a los psicópatas integrados, o viven
bajo ciertos parámetros psicopáticos y ensalzan a otros cuando hablamos de nuestra
sociedad decadente. Y estos últimos, la inmensa mayoría, sí son capaces de
ponerse en el lugar del otro aunque deciden no hacerlo.
Pero, ¿Qué es la conciencia? ¿Existe
una moral escrita en el interior de todo ser humano? ¿Por qué decimos que hay
personas que no tienen alma cuando realizan algún daño? Y volviendo al comienzo
de nuestro artículo, ¿Tiene algo que decir la Biblia en este sentido? ¿Están
las Escrituras anticuadas y fuera de lugar o, por el contrario, el cristianismo
es la única religión que no yerra el blanco y apunta al problema fundamental
del ser humano?
Todo esto intentaré responderlo en la
segunda parte de este artículo.
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