ANACRONISMO,
BIBLIA Y HOMOSEXUALIDAD.
Aún hoy me alegra y divierte ver la serie de
dibujos animados titulados “Los Picapiedras” y la proyección sobre aquella
lejana y remota Edad de Piedra de muchos elementos comunes que hacen al confort
de nuestra vida cotidiana actual. Me
causa risa el verlos desplazarse de un lado a otro con el “troncomovil”
familiar y la intensa comunicación social a través del “cuernófono” y ver las
reacciones de la pequeña cría de dinosaurio transformada en la mascota hogareña
llamada justamente “Dino”. Todo esto se llama “anacronismo”.
Si vamos a cualquier diccionario que tengamos
a mano veremos que definen esta palabra como: “Error de cronología que consiste en situar un
hecho en época distinta a aquella en que sucedió”[1]
Este es justamente el error que cometemos cuando hablamos de Biblia y
homosexualidad. Ningún escritor del Antiguo o del Nuevo Testamento conocía ni
clasificaban a las personas de acuerdo al criterio de “orientación sexual”.
Este es un aporte reciente de la investigación científica que no es anterior a
1869. Por lo tanto buscar una respuesta o un esclarecimiento en textos
anteriores a esa fecha es cometer un error que no es siempre inocente.
Actualmente el sistema de Naciones Unidas en
general no puede hablar de homosexualidad porque aún en algunos países su
manifestación y su práctica se la considera un delito. Es por ello que las
distintas divisiones de ese sistema internacional habla de “hombres que tienen
sexo con hombres” presuponiendo que todos ellos son lo que hoy
llamamos heterosexuales. Esa es exactamente la situación con los textos
bíblicos. Todos ellos y todos sus autores consideran a todas las personas como
de orientación heterosexual porque ignoran la homosexualidad al igual como
ignoran que la tierra gira alrededor del sol. Por lo tanto si consideramos los
famosos textos utilizados para condenar a las personas de una orientación
diferente a la heteronormativa veremos
que adquieren una posibilidad hermenéutica totalmente diferente. Ninguno de
ellos se aplica a aquellas personas que hoy consideramos constitutivamente de
orientación homosexual en cuanto tales.
Actualmente el mundo científico y muchos
estudiosos de las Escrituras consideran la orientación sexual como establecida
en forma involuntaria en una etapa muy temprana del desarrollo humano y que es
irreversible. Nadie en ningún lugar ni en ningún tiempo puede controlar la
adopción de su orientación sexual. Todas las personas descubren su orientación
sexual que nunca es una opción. Aquello que si es una opción y es el área en la
cual ejercemos libremente conductas responsables en cuanto al ejercicio de esa
orientación sexual, cualquiera que ella sea.
En este sentido es muy interesante conocer la
historia de las personas que escriben con la mano izquierda, es decir, las
personas zurdas[2] Cuando la iglesia
cristiana estaba en la cima de su poder político, consideraba la mano izquierda
como la mano del demonio, la mano siniestra. Por lo tanto, y en especial las
mujeres zurdas eran frecuentemente consideradas servidores de Belcebú y
rapidamente quemadas en hogueras celebradas por el resto de la comunidad.
Cuando la iglesia pierde ese poder de control sobre el estado, se pasó a
considerar este hecho de utilizar la mano izquierda cuando la mayoría normativa
utiliza la derecha como una enfermedad. Aún guardo memoria de una prima a la
cual se la torturaba para que aprendiera a coser con la mano derecha. Por
suerte y para tranquilidad de todos los primos y primas logró aprender a coser
con la mano derecha pero todo aquello por lo cual no fue castigada o forzada,
su naturaleza afloraba nuevamente y volvía a utilizar la mano siniestra. Es
decir, se podía contradecir su naturaleza y obligarla a asumir conductas
semejantes a la de la mayoría normativa diestra, pero su naturaleza de base
consistentemente continuaba siendo siniestra para preocupación de toda la
familia.
Actualmente todos en el mundo científico, las
iglesias que nunca pidieron perdón a esa infinidad de mujeres quemadas en fundamentalistas hogueras de la
ignorancia, y todos los establecimientos educativos han asumido que el utilizar
la mano izquierda no es ninguna siniestra realidad, sino que forma parte de la
diversidad humana. Sorprendentemente el número de zurdos en cualquier cultura,
sociedad, iglesia o universidad es semejante al número de personas de
orientación homosexual. No quiero decir con esto que las y los zurdos sean
homosexuales sino que la diversidad humana es más compleja y rica de lo que
queremos admitir. No se sabe por qué una persona utiliza preferentemente la
mano o el pie derecho como tampoco se conoce porque una constante y consistente
minoría lo hace del lado opuesto. Indudablemente no es una ventaja ser zurdo en
un mundo de diestros y diestras. Todo esta hecho para ser utilizado por la mano
derecha: teléfonos, tijeras, escritura, etc.
¿Será posible pensar que con relación a la orientación homosexual
estamos con atraso recorriendo el mismo camino?
Anacronismo
y Biblia
Actualmente y utilizando la misma metodología
de la teología y hermenéutica feminista se están realizando relecturas de las
Escrituras y su contexto histórico que nos muestran la presencia invisibilizada
de la diversidad sexual, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento[3].
Con relación a los famosos siete textos utilizados
para fundamentar el anacronismo hermenéutico tenemos que utilizar un método
conocido para tratar de comprender al menos aquella escena que siempre se ha
utilizado como ejemplo de la ira de Dios y que durante los tiempos más oscuros
le dio el nombre a esta orientación sexual.
El relato de Sodoma y Gomorra en el libro de
Génesis (19:1-19) indudablemente no se refiere a aquello que hoy llamamos
orientación homosexual porque ningún dato histórico, científico o cultural nos
muestra que todos los varones de una ciudad sean de orientación homosexual.
Aquí estamos ante un hecho común en situaciones de guerra: la humillación de
los varones heterosexuales caídos prisioneros en manos de sus captores también
heterosexuales que los degradaban a través de la penetración sexual a la
condición de ciudadanos de segunda al obligarlos a asumir una actitud
considerada femenina. Esta era una
práctica común en el contexto histórico en que se escribe el relato. Es esa
violencia y ese abuso lo que se está cuestionando y es la ruptura de las reglas
de hospitalidad tan rígidas y generosas en las sociedades nómadas de aquel
entonces y de ahora.
Igualmente las Escrituras cuando internamente
se refieren a las dos ciudades nunca relacionan su pecado con ninguna cuestión
sexual. Esa es una relectura posterior a la redacción del Nuevo Testamento. La
lectura profética de este pasaje asume que el pecado de Sodoma y Gomorra, anterior al
intento del abuso sexual, es interpretado por Isaías de la siguiente forma:
“¡Escuchen la palabra del Señor, jefes de Sodoma! ¡Presten atención a la
instrucción de nuestro Dios, pueblo de Gomorra! ¿Qué me importan la multitud de
sus sacrificios? –dice el Señor- Estoy harto de holocaustos de carneros y de la
grasa de animales cebados; no quiero más sangre de toros, corderos y
chivos…¡Cesen de hacer el mal, aprendan a hacer el bien! ¡Busquen el derecho,
socorran al oprimido, hagan justicia al huérfano, defiendan a la viuda! Vengan
y discutamos –dice el Señor- (Isaías 1: 10-20). Queda claro que en esta lectura
profética del relato el tema tiene que ver con el derecho aplicado a
poblaciones vulneradas en su dignidad. Es muy posible que hoy sean nuestras
comunidades de fe las que cometen del pecado de los lìderes de Sodoma y el
pueblo de Gomorra cuando no salimos a las calles de nuestras ciudades para
garantizar el derecho de todo ciudadano independiente de su orientación sexual.
El profeta Jeremías al hacer memoria de este
evento dice: “…Pero entre los profetas de Jerusalén he visto cosas horribles:
son adúlteros, viven en la mentira, tienden la mano a los malhechores ¡Y así
nadie se convierte de su maldad” Todos ellos son para mi como Sodoma y Gomorra”
(Jeremías 23:
14) Muchas veces durante la dictadura militar en Argentina hemos
visto a quienes debían tener una voz
profética y detender la mano a los malhechores y ese silencio impidió la
conversión de aquellos que pisoteaban el derecho dejando el tendal de huérfanos
de los cuales se apropiaron y de viudas que hasta el día de hoy se niegan a ser
consoladas si no hay previamente justicia y verdad porque no quieren seguir
viviendo en la mentira. La dimensión social y la responsabilidad ante las
poblaciones vulneradas en su dignidad y derecho es el pecado de Sodoma y
Gomorra.
La posición del profeta
Ezequiel es aún más clara: “Esta fue la inequidad de tu hermana Sodoma:
soberbia, buena mesa y total despreocupación. Además de esto, ella y sus hijas
no socorrieron al pobre y al indigente, se enorgullecieron y cometieron
abominación en mi presencia. Por eso las rechacé, como tú lo has visto” (Ezequiel 16, 49-50)
Esta afirmación no es un anacronismo. La abominación tiene que ver con aspectos
sociales que aún hoy claman al cielo por justicia. La soberbia de aquellos que
tienen una buena mesa a costa del hambre de muchos y muchas en sociedades
construidas en la total despreocupación por los recursos en un ecosistema
puesto en total riesgo.
La única vez que Jesús de Nazaret nombra a
estas ciudades no lo hace con relación a ninguna situación sexual sino que
tiene claramente que ver con la hospitalidad: “Y si no los reciben ni quieren
escuchar sus palabras al irse de esa casa o de esa ciudad, sacudan hasta el
polvo de sus pies. Les aseguro que en el día del Juicio, Sodoma y Gomorra serán
tratadas menos rigurosamente que esa ciudad” (Mateo 10, 14-15). Actualmente
muchas personas de orientación sexual (homosexual) han tenido que sacudir el
polvo de sus pies y abandonar muchas de nuestras comunidades de fe porque no
queremos escuchar sus palabras ni las palabras que nos dicen diferentes
organizaciones científicas que han quitado de su lista de enfermedades la
orientación homosexual porque, luego de largos y apasionados debates, han
llegado a la conclusión que no cumple ella con ninguno de los presupuesto como
para ser considerada enfermedad.
La
Bibliografía Olvidada y Escondida
Casi con quince años de anticipación a la
visibilidad de la lucha por los derechos civiles de la población gay y
lesbiana, a mediados de la década de 1950 se produce el quiebre de los modelos
y paradigmas con los que se había considerado la homosexualidad. Esos
parámetros, que se habían constituido en el siglo XI y XII, fueron sostenidos
sin cambios y sin ser mayormente cuestionados tanto desde la comunidad
científica como desde las diversas escuelas teológicas independientes de su
adscripción confesional.
Cuando Inglaterra asume la decisión de
cambiar la legislación que criminalizaba la orientación homosexual, el
Parlamento británico constituye una comisión presidida por Lord John Wolfenden
y que produce en el año 1957 aquello que justamente se conoce como el Informe Wolfenden[4]
Por primera vez esta comisión recomienda que la conducta homosexual entre
adultos que consiente en privado no puede ya ser considerada una trasgresión o
afrenta criminal. Todos sus miembros menos uno encontraron que “la
homosexualidad no puede ser legítimamente considerada como una enfermedad,
porque en muchos casos, esta es el único síntoma y es compatible en otras áreas
con una plena salud mental”. Estas recomendaciones no fueron fácilmente
aplicadas ya que solo en 1967 el Parlamento inglés finalmente modificó la
legislación que discriminalizó la homosexualidad dejando sin vigencia, con
mucha dificultad, aquello que se había aprobado por Enrique VIII en 1533
Así como resultó sumamente complicado
desmontar un paradigma social también lo fue y continua siendo, el reconstruir
aquello que en tiempos precienfícios se estableció en el siglo XII. Esta
Comisión Wolfenden convocó entre los eruditos a teólogos y pastores. En este
contexto el Canónigo anglicano Derrick Bailey escribe un estudio detallado y
totalmente nuevo de aquellos textos bíblicos utilizados entonces y aún hoy,
desde una lectura fundamentalista que ignora el contexto histórico en que esos
textos fueron escritos y que permiten romper con una larga tradición de estigma
y discriminación. Fruto de esa investigación es el libro titulado “Homosexualidad y
la Tradición Cristiana Occidental”[5]
donde cuestiona el uso de esos textos y muestra que los mismos no tienen
ninguna relación con aquello que hoy denominamos orientación homosexual.
Asimismo recorre la interpretación que tanto los Padres de la Iglesia como los
teólogos de la Alta y Baja Edad Media hicieron de estos textos, llegando hasta
el siglo XII de la tradición cristiana cuando, a su criterio se consolida la
posición tradicional que conocemos sin mayores modificaciones significativas. A
partir de su publicación el debate, ya sea favorable o contrario a estos
aportes, ha girado alrededor de las mismas. Lamentablemente este texto nunca
fue traducido al castellano.
Varios años después, en 1976, la misma
interpretación de los textos bíblicos como de la tradición cristiana de las
interpretaciones teológicas relacionadas con la homosexualidad es asumida por
un sacerdote católico romano de la orden de los jesuitas John J. McNeill. Su libro titulado “La Iglesia ante la
Homosexualidad”[6], que al igual como el de
Bailey se han constituido en obras de obligatoria referencia al tratar este
tema La publicación de este estudio ha tenido una complicada historia. Durante
años el borrador fue y vino entre el
Vaticano y New York, donde residía el autor. Se le sugirieron diversas
modificaciones que fueron discutidas y aceptadas antes de alcanzar la aprobación
de su iglesia para la publicación. El libro produjo tal impacto tanto dentro
como fuera de esa iglesia que inquieto a la Curia Romana que rapidamente
prohibió a su autor volver a escribir o hablar en público sobre el tema. En
grandes líneas este texto sigue las afirmaciones y propuestas de relectura
bíblica del canónigo anglicano. Si bien este texto mereció la pronta traducción
al castellano ha tenido limitada distribución y nunca se ha intentado su
reimpresión.
El tercer libro que va en el mismo sentido y
con una aproximación científicamente rigurosa al tema es el escrito por John Boswell,
quien fuera profesor de Historia Medieval en la Universidad de Yale en Estados
Unidos. Si bien no es un sacerdote, es fundador dentro de la Iglesia Católica
Romana del movimiento Dignity que tiene como objetivo promover el
reconocimiento pleno y la inclusión incondicional de las personas de
orientación homosexual en esa iglesia. Este estudioso publicó en 1982 la obra
“Cristianismo, Tolerancia Social y Homosexualidad. Los gays en Europa
occidental desde el comienzo de la Era Cristiana hasta el siglo XIV”.[7]
Este estudio de mayor rigor de investigación tanto en los textos bíblicos como
en los documentos que hacen a la construcción teológica de la iglesia antigua y
medieval mereció diversos reconocimientos académicos justamente por la seriedad
de este trabajo.
Conclusión:
Tenemos que tener mucho cuidado de los
anacronismos porque están agazapados viendo a quien devorar. El afirmar que
Séneca por el mero hecho de haber nacido en la
península ibérica es español, es un grave error porque el concepto de lo que
actualmente llamamos español se construyo, según el debate actual, entre el
siglo XVI y XVII. Igualmente si a Alejandro Magno le dijéramos que él es una
persona de orientación homosexual no
tendría la menor idea de aquello que estamos hablando porque en aquel tiempo
las personas no se asumían como tales ni se clasificaban entre sí de esa manera
porque la sexualidad se la vivía con parámetros que iban más allá de una
bipolaridad hetero y homosexual.
Asimismo tenemos que reconocer que los
paradigmas bíblicos y teológicos con los cuales se construyó en el siglo XIV la
actitud de las comunidades cristianas con relación a la homosexualidad se han
quebrado en el siglo XIX. El insistir con antiguos abordajes al tema no es ser
fiel a la tradición sino que es justamente traicionarla. El contexto actual se
ha modificado tanto con los aportes del mundo científico, cultural y social
como en las herramientas del análisis bíblico. Es sorprendente como muchas
comunidades cristianas que en casi todos los temas tienen un abordaje crítico
del texto y el contexto en que se escribieron los relatos bíblicos, cuando
llegan a las versículos aplicados a la orientación homosexual, vuelven a una
lectura literal y fundamentalistas. Este es también un obstáculo que debemos
superar.
En este breve caminar juntas y juntos
buscando una mejor comprensión de un tema tan multifacético como es la
orientación sexual, la sexualidad en general y la orientación homosexual en
particular y su relación tanto con el mundo científico contemporáneo y el
abordaje moderno de los textos bíblicos me propuse como meta el aportar algunas
nuevas miradas, clarificación de vocabulario y rescatar de las sombras textos
que nos pueden ayudar a ser realmente personas y comunidades mucho más
hospitalarias con quienes, por su identidad sexual y de género, han sido y son víctimas de las hogueras de
nuestras cegueras religiosas.
Pastor Lisandro Orlov
Pastoral Ecuménica VIH-SIDA
Iglesia Evangélica Luterana Unida
Buenos Aires. Argentina
Agosto 2011
[1] Diccionario Enciclopédico Océano. Edición
1993. Barcelona. Volumen 1
[2] Idem. Zurdo/a “Dícese de la persona que usa
la mano o el pie izquierdo para cosas que la mayoría de las personas hace con
la mano o el pie derecho. Perteneciente o relativo a la mano izquierda.
Figurativo y familiar: “Al contrario de cómo se debía hacer”.
[3]
Jennings, Theodore W. “The man Jesus
loved. Homoerotic narratives from the New Testament” The Pilbrim Press. Ohio
2003
[4]
The Wolfenden Report. Report of the Committee of Homosexual offense and
Prostitution. Septiembre de 1957
[5]
Bailey, Derrick Sherwin: “Homosexuality and the Western Cristina Tradition”.
First Published 1955, Logman, Green and Co. Inc. London
[6]
McNeill, John. “La
Iglesia ante la Homosexualidad” Colección Relaciones humanas y sexología Nº 9.
Ediciones Grijalbo, S.A. Barcelona. 1979
[7] Boswell, John: “Cristianismo, Tolerancia
Social y Homosexualildad. Los gays en Europa occidental desde el comienzo de la
Era Cristiana hasta el siglo XIV”. Muchnik Editores. Barcelona. 1992
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Bienvenido! Tus comentarios y reacciones son bien recibidos