ESPIRITUALIDAD CREATIVA EN TOMAS MERTON
En Merton hay, respecto a la vida espiritual, una
insatisfacción permanente, una búsqueda constante, y un espíritu entre
irónico y contestatario que singulariza su camino monástico y su
proyecto de santidad. Lo que él quiere no es repetir simplemente
un modelo temporal, sino vivir en fidelidad creativa el seguimiento del
Modelo, que es Cristo . Reconoce como un
elemento negativo en la vida monástica el hecho de que a menudo aparece
el monje como fundido en un molde, en una personalidad colectiva y
profesional, que ahoga toda singularidad. (SJ, 285). Cree que muchos no alcanzan la santidad, porque pasan todo el tiempo intentando ser otros, y no ellos mismos. “Por
muchas absurdas razones, están convencidos de que están obligados a
convertirse en alguien que murió doscientos años antes y vivió en
circunstancias completamente ajenas a las suyas”. Quieren poseer la
santidad de otros, y eso es egoísmo. (SC, 59). También en CEC, 171-172
habla de la peor tentación a la que sucumben muchos monjes al comienzo
de la vida espiritual: “sencillamente renunciar a pedir y buscar. Dejárselo todo a los superiores en esta vida y a Dios en la próxima”.Merton
tuvo que lidiar con muchas situaciones: sus deseos de silencio y
soledad en una comunidad monástica cada vez más poblada y activa llena
de ruidos; sus dificultades para asumir concepciones teológicas y
costumbres prácticamente medievales , o la fealdad de ciertos ornamentos
e imágenes, siendo él una persona de cultura amplia y buen gusto
estético .
Hay una concepción de la “santidad” vinculada con el “hacer”; en SJ, 84, narra la situación de un monje mayor, enfermo, que se resiste a quedarse en la cama: “Es
imposible mantenerle alejado de la comunidad. Quiere participar en
todos los ejercicios regulares hasta que se le doblen las piernas. Para
los trapenses, la santidad ha consistido precisamente en eso durante
generaciones y generaciones”. También: “Los trapenses creen que
todo lo que les cuesta un esfuerzo es voluntad de Dios. Todo lo que les
hace sufrir, voluntad de Dios. Si sudan, voluntad de Dios. Pero
albergamos serias dudas acerca de las cosas que no exigen inversión
alguna de energía física….y como convertimos en fetiches las
dificultades, a veces trabajamos en las circunstancias más absurdas que
se puedan imaginar, sacrificándonos no por Dios, sino por nosotros
mismos”. (SJ, 62)
En
esos primeros años, y luego que pasara el momento primero de
idealización, tuvo Merton que reordenar su vida interior, y encontrarse
de nuevo a sí mismo, su verdadero yo, su verdadera identidad, revisando
sus prioridades y mirando más allá de lo inmediato, a un horizonte
trascendente e inmanente al mismo tiempo.
También es crítico frente a cierta teología, y comentando sobre dos escritores rusos escribe: “Me
pregunto si, después de todo, nuestra cautela teológica no es señal de
una frialdad de corazón, de una terrible esterilidad nacida del temor o
la desesperación. Estos dos hombres se atrevieron a equivocarse y
corrieron el peligro de ser condenados por todas las Iglesias para poder
decir, entre sus afirmaciones erróneas, algo grande y digno de Dios” . Resalta la vocación creadora del hombre, la necesidad de ser creativos, y afirma: “por nada del mundo puedo darme el lujo de estar pasivo en este lugar”.
Esto lo dice un contemplativo, que ama el silencio y la soledad, que se
queja de la hiperactividad del monasterio; pero aquí habla de otra
actividad, la del Espíritu: “Hay cosas que cada uno ha de elaborar, siempre de nuevo, por sí mismo”
. Es importante buscar y discernir la voluntad de Dios, y cooperar con
ella; esta voluntad no es un hado irremediable al que tenemos que
someternos, sino “un acto creativo en nuestra vida que da lugar a algo absolutamente nuevo”
. De ahí que considerándose un hombre de Iglesia, diga a su vez que
esto supone ser plenamente él mismo, y no mero número. Se trata de ser “plenamente responsable y libre ante Dios” .
En
septiembre de 1959 anda en busca de “una nueva dirección”, de “nuevos
horizontes”, en cualquier dirección en la que apunte la voluntad de
Dios, que es para él como un despliegue de posibilidades nuevas; le toca
a él “empujar hacia adelante, crecer interiormente, orar, romper las
ataduras y desafiar los temores, crecer en la fe, que tiene su propia
soledad, buscar una perspectiva totalmente nueva y una nueva dimensión
en mi vida” . Este es el talante inquieto, osado y creativo que estará
presente hasta el final de la vida de Merton, que nunca deja de ser un
hombre de preguntas, que se cuestiona y cuestiona cuanto le rodea, no
con un afán iconoclasta, sino como un auténtico buscador de verdad .
NOTAS:
“Pregunté
al padre abad acerca de las causas de la santidad del hermano Gregory.
Yo no tenía ni la menor idea de la respuesta que se me iba a dar. Me
hubiera hecho feliz oír hablar de algo relacionado con el profundo y
sencillo espíritu de oración, con las insospechadas alturas de la fe, la
pureza de corazón, el silencio interior, la soledad y el amor a Dios.
Tal vez el hermano Gregory habló con las aves, como San Francisco. Pero
el padre abad me contestó prontamente: Ese hermano estaba siempre
trabajando. No sabía lo que era estar ocioso. Si lo enviaba a cuidar las
vacas en la pradera, siempre encontraba otras muchas cosas que hacer.
Por ejemplo, traía a la casa cubos llenos de mora. No sabía estarse sin
hacer nada. Al salir del cuarto del abad me sentí como un hombre que
hubiera perdido un tren”. SJ, 108.
Coincide
con un monje que visita el monasterio, cuando afirma: “No cree que se
de gloria a Dios con las empalagosas melosidades a las que la gente
califica de arte religioso”. SJ, 102. Como muestra de la comprensión
estética de TM, “El arte sagrado y la vida espiritual”, en Humanismo
cristiano: cuestiones disputadas, Barcelona, Kairós, 2001, 93-105.
DI, 185. En CEC, 111
también dice: “A veces puede ser necesario que vayamos contra las
normas sociales para obedecer a las normas reales del bien objetivo
según la palabra directa de Dios”.
CEC, 68:
“La fe cristiana es un principio de interrogación y lucha antes de
llegar a ser un principio de certidumbre. Hay que dudar y rechazar todo
lo demás para creer firmemente en Cristo y después que se ha empezado a
creer, hay que poner a prueba y purificar nuestra fe”.
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